Juan Bautista Lavié Pere – El jardinero y la fe

Juan Bautista Lavié Pere: Francés de nacimiento, cubano por devoción, fundador de una obra de amor y fe.
Amanece. Al toque de la campana los fieles abandonan sus camas y poco a poco todo se anima; es la finca «San Juan Bautista», un 24 de junio en el Manzanillo de Cuba, a escasos tres kilómetros de La Demajagua (Altar de la Patria), donde los cubanos comenzaron a ser hombres porque decidieron ser libres; pueden algunos estimar sea casualidad, resulta más bien azar concurrente porque solo la magia de la poesía puede explicarlo. Unos, fundamentalmente hombres, van a barrer los senderos que conducen a los lugares de culto: la Estrella, el Jardín de Antonio, el Nacimiento, la Casita del Maestro; otros -especialmente mujeres- engalanan con gusto refinado y singular el Salón X; mientras la Cruz Central ofrece al visitante los pendones entrelazados de Cuba y Francia y en toda su altivez sustantivos que atraen, cual imán singular, hombres y mujeres que buscan Luz, Amor, Unión y Paz. Por decenas llegan, en peregrinación, desde los más disímiles rincones de la isla. Desde Estados Unidos, especialmente la Florida, 2 ó 3 misioneros también hacen acto de presencia. ¿Quién los convida?, ¿por qué desean, en día tan especial para ellos, llegar hasta el lugar?, ¿qué los hace abandonar la sublime rutina de sus vidas y trasvasar la portada que los coloca, frente a frente, con la mirada dulce y marmórea del Nazareno? Quieren, una vez más, homenajear, servir y darse en espíritu al Cielo todo a través de un «Jardinero» quien, mediante la fe, dio a muchos sentido de vida.
A las 10 de la mañana del 26 de agosto de 1884, Prosper Lavie -de 32 años-, peón jornalero y domiciliado en Sauveterre, comuna y cantón del mismo nombre en los Bajos Pirineos, presentó ante el alcalde adjunto -encargado del registro civil de la comuna-, como hijo suyo un niño de tres días de nacido a quien él y su esposa María Pere, de 34 años, habían decidido dar por nombre Jean Baptiste. Entraba así, de forma humilde y natural, en los anales humanos, una vida que trasvasando el océano marcaría la creencia religiosa de miles de personas y dotaría al espiritismo cubano, práctica religiosa brotada y bruñida con magníficos entrecuzamientos culturales, en signo identitario del Manzanillo cubano y más allá.
Allan Kardec, francés como Juan Bautista y sistematizador de la teoría espírita, define el espiritismo como «[…] la ciencia que trata de la naturaleza, origen y destino de los Espíritus, y de sus relaciones con el mundo corporal»; sin embargo, para llegar a tal postulado, primero fue necesario la aparición de los primeros fenómenos que dieron origen a la misma en los Estados Unidos. En 1847, en Hydesville, cerca de Nueva York, en la casa de la familia de John Fox, padre de familia y ferviente metodista, se dieron los primeros acontecimientos que, como reguero de pólvora, se expandieron por la gran urbe del Hudson; luego, el 14 de noviembre de 1849, en el «Corinthian Hall» de Manchester, se organizó la primera gran reunión pública para comunicarse con las ánimas, fecha esta que marcó el principio del movimiento espiritista. Más tarde, los sucesos atravesaron el Atlántico y llegaron a Europa donde fueron estructurados conceptual y teóricamente para convertirse en doctrina, la cual, expandida por Francia, Inglaterra y la misma España retornó a la América hipano-lusitana, aunque no es menos cierto que desde Norteamérica también llegó la influencia del nuevo movimiento a la América Latina.
Desde una perspectiva ética y moral el espiritismo «[…] es esencialmente cristiano, porque lo que enseña, no es más que el desarrollo y la aplicación de la de Cristo […]»; sin embargo,
[…] la moral kardecista a veces se aleja de la moral defendida por las iglesias, y en particular por la Iglesia católica. La moral de Kardec se sitúa en la vía trazada por Jesucristo en sus enseñanzas y por su ejemplo. Vía que, según Kardec, fue seguida por las sectas de los primeros cristianos, pero «desnaturalizada por los Padres de la Iglesia» en el concilio de Nicea, cuando el cristianismo se confundió con el Imperio romano y pretendió asociar los intereses del César y los intereses de Dios.
Otro elemento vinculado a los orígenes de la práctica y que marcaría sin dubitación alguna la creencia en Cuba y la procedencia de sus militantes, fue que:
[…] la mayoría de las logias masónicas de la época se dirigían hacia el ocultismo y había en ellas muchos espiritistas. Fue precisamente la tendencia de los círculos espiritistas a mezclarse e, incluso a confundirse con las logias masónicas, lo que atrajo la atención y más tarde la hostilidad de los obispos hacia el kardecismo. La francmasonería, a pesar del teosofismo de muchos de sus miembros, asociaba entonces las ideas democráticas de Libertad, Igualdad y Fraternidad a unas formas de anticlericalismos a menudo severos. Sin embargo, sería dar una idea falsa del espiritismo del siglo XIX presentado como sucedáneo de la francmasonería. Todo lo que puede decirse con objetividad es que había espiritistas kardecistas que eran también masones.
Tenía Juan 23 años cuando unió su vida a una joven año y medio menor que él. Ese día, el 26 de febrero de 1908 y a las 7 de la tarde, sus padres le acompañaron a la comuna de Tarnos, partida de Saint Martin de Seignanx, departamento de Landes, donde vivía Gracieuse Saint Cristau, su futura esposa. Gracieuse era huérfana de madre, por ello su progenitora no estaba en el acto donde se unieron, esperanzados, los dos jóvenes. Después de los trámites de rigor, levantada el acta y firmada por todos -incluyendo los testigos-, excepto el padre de la novia que no sabía hacerlo, fueron declarados marido y mujer.
Cinco eran los hermanos de Prosper, el padre de Juan: dos hembras y tres varones, las féminas llevaban la misma gracia: Marie, mientras los varones eran Pierre (el mayor), Bernard y Jean Pierre. Fue quizás el azar, la causalidad trascendente o cualquier otra razón, pero lo cierto es que Pedro, el tío mayor de Juan, decidió migrar y ya en la última década de la centuria decimonónica lo encontramos en Manzanillo dedicado a los negocios de curtir pieles y peletería. El influjo del apellido fue notable durante la primera mitad del siglo XX: la plazoleta Lavié, una calle y hasta un reparto, validan la afirmación.
Juan y Gracieuse se aman y el fruto se hace niña al nacer, en 1909, Marie; pero la desgracia lo alcanza cuando arranca de sus costales a la amada. La desolación lo embarga y toma la decisión de emigrar; empero, ¿quién cuidará a la pequeña? Agustine, una sus hermanas, asume la hermosa tarea de dar educación y crianza a la párvula porque Martha también cruza el Atlántico. Jamás volvería a ver a su hija; sin embargo, no la olvidaría y ella tampoco. Cuando muere Marie en 1999, entre los recuerdos del corazón -en un viejo baúl-, aparecen dos cartas, una de 1935 y otra de 1937, donde las muestras de cariño de ambas partes son evidentes y la fe en Dios ha fortalecido a Juan, alejando de su lado las tristezas de antaño: «[…] vivo con Dios y Dios vive conmigo porque, el que ama a Dios, Dios esta con él; y con determinación afirma: «[…] hoy dia siendo mas mayor soy mas fuerte que cuando tenia 20 años porque Dios me lo ha dado».
Cuando Juan Bautista llega a Manzanillo, a inicios de la segunda década del siglo XX, el tío lo recibe; sin embargo, no fue la tenería o el comercio lo que captó la atención del recién llegado. Para esta fecha la práctica espírita se consolida, los «centros» abundan y se preparan las aportaciones que el credo haría a la convulsos y críticos años 20 dando a estos una nota de cubanía, distinta al credo católico dominante. No por gusto Agustín Martín Veloz, fundador del Partido Socialista en la ciudad; Paquito Rosales, primer alcalde comunista de Cuba y René Vallejo Ortíz, Comandante del Ejército Rebelde y médico personal de Fidel Castro, fueron espiritistas.
Infartado en los más hondo de su ser, no solo el dolor, sino, la heredad obtenida en el Mediodía francés junto a una religiosidad cuya procedencia no le era extraña, Juan Bautista comienza a frecuentar los centros espiritistas de la zona, especialmente el de Luisa Muñoz en La Sal, sitio que sirve de escuela al desarrollo de su peculiar mediumnidad.
La amplitud de la práctica del espiritismo de cordón era tal que a los intelectuales de vanguardia manzanilleros les resultó imposible no tratar el tema. En un libro costumbrista de fina ironía, Manuel Navarro Luna se explaya, en carta a Epifanio Sánchez Quesada -postrado en esos momentos por severa artritis-, sobre cual debía ser la conducta terapéutica a seguir por este último respecto a su enfermedad y de paso describe, con genial sutileza, las características de la práctica cordonera:
¿Qué persona consciente de si misma, que conozca todo lo mal que siempre ha andado la medicina y que no ignore los adelantos, en realidad maravillosos e infinitos, de la Ciencia Espírita, es capaz de ponerse en manos de ellos?… En Manzanillo, así como en la mayor parte de los pueblos de Oriente, a los médicos se les ha relegado a un segundo término […] La gente pobre, como la gente rica; la gente blanca como la gente de color; la gente ilustre como la gente sin ningún brillo, solo agarran a los médicos cuando una circunstancia premiosa, irremediable, así lo exige. Por ejemplo: para que expidan un certificado de defunción […] Los verdaderos consultorios médicos […] están en los Centros Espiritistas
Por las oraciones que se decían es fácil colegir que los libros de oraciones eran los de Allan Kardec: «Credo», «Oración de todos los días», «Alabanza a Dios», «Ángeles Guardianes» y «Oración de los médiums», por supuesto, también se rezaba el Padrenuestro.
El año de 1933 fue singular para Manzanillo no solo por la caída del dictador Gerardo Machado; sino, porque en esa fecha se funda el semanario espiritista Psiquis Moderna y se erige, a escasos 10 km de la ciudad y de manera definitiva, el templo regenteado por Juan Bautista Lavie. Tiempo atrás las llamas habían dado cuenta de uno erigido a orillas del río Jibacoa, pero ahora, el nuevo recinto acogería a las almas que congregados en la Asociación «Los Apostolados», asistían a escuchar las prédicas de Juan, quien comenzaría a ser llamado por sus fieles como «El Maestro».
A partir de este momento Juan desarrolla una intensa labor de predicación, sobre todo en la zona de Manzanillo, Niquero y Camagüey. Su palabra, con gran aliento profético, cautiva y se declara «más cubano que todos ustedes»; dice ante cientos de almas que entusiasmados le escuchan. Sus milagros (curaciones y profecías) corren de boca en boca y al templo vienen, esperanzados, desde muchos lugares. Aún resuenan sus profecías: la derrota de la Alemania nazi, la construcción de una carretera que llevaría los creyentes hasta la misma puerta del templo, la bajada de la Sierra Maestra de un hombre que cambiaría los destinos de Cuba, los resultados catastróficos del cambio climático, el estado deplorable de la humanidad de producirse una III Guerra Mundial, las dificultades -en el caso de Cuba-, con el transporte y su postura viril ante la prepotencia norteamericana cuando en el Zanjón de Camagüey coge entre sus manos un mazo de papel y declara: «los papeles de los americanos los meto por debajo de esta mesa».
En 1944, el Canciller del Arzobispado de Santiago de Cuba envía un cuestionario al cura párroco de Manzanillo, quien, dando respuesta a la pregunta 18 que rezaba: «¿qué opinión tiene Ud. acerca de la importancia y peligros de la propaganda protestante de la fé católica en esa Parroquia? ¿Ha hechos muchos progresos?», respondió: «Opino que el peligro protestante es de inmensas proporciones en Cuba. En esta parroquia de Manzanillo tal vez el espiritismo sea más peligroso que el protestantismo […]».
Juan acostumbraba a conversar con sus fieles en cualquier sitio que considerase oportuno para la prédica, les dice: «Tengo que dar un largo viaje»; todos piensan iría a visitar a los suyos porque desde su llegada no les ha visto. En enero de 1937 comunicó a su hija: «Ahora te escribo para decirte que no he podido realizar el viaje para como lo pensaba pero este año seguro que si. Pienso que por el mes de mayo o junio iré a verlos»(20); pero Juan Bautista Lavié no volvería a su Francia natal, iniciaría un viaje cuyo retorno «[…] solo el cielo lo sabe» y el 7 de abril de 1945, producto de un síncope cardíaco, fallece aquel jardinero francés que amaba el perfume de las azucenas.
Con la muerte se le agigantó la estatura, los suyos le consideran encarnación de Juan el Bautista; Esteban Valderrama -notable pintor cubano-, hace de su faz fiel retrato que, con mirada serena, recibe a todo el que llega al Salón X; mientras la inspiración de médiums y cabeceros (guían el cordón), ha dado como resultado la composición de cerca de 40 trasmisiones (cánticos) en su nombre.
El templo y la práctica fundados por Juan serían -actualmente lo son-, muestra de una práctica espírita mucho más refinada, tal vez más cercana al espiritualismo y con proximidades al catolicismo (presencia de abundante iconografía y novenas), y aunque el contacto con los espíritus se realiza, su presencia entre los encarnados no es solicitada generalmente para la cura de enfermedades corporales o mentales o para la resolución de problemas materiales, en tanto, estos son dejados esencialmente a la oración y al vínculo íntimo con el Creador; sino, para el consejo y la prédica moral basada esencialmente en el ejemplo del Cristo y los primeros mártires del cristianismo. El cordón, ritual básico de las sesiones, no se realiza como en la mayoría de los templos y casa templos; o sea, tomados de las manos y danzando los médiums rítmicamente alrededor de la cruz de martillo, sino, que en dos filas, una de hombres y otra de mujeres, todos los fieles, incluidos los niños, van marchando al compás de una transmisión, que entonada por los cabeceros es respondida por el coro, y, cuyo ritmo varía de acuerdo al compás melódico.
Los sábados es el día escogido para la realización del culto. Desde la 1 pm., con el desarrollo de los Himnos y hasta el cierre a las 5.00 pm., se entregan las almas a la adoración y la comunión con Dios. Variados son los días cumplimentarios: 3 de mayo, 21 de octubre, 17 de noviembre y por supuesto, 23 de agosto y 7 abril, nacimiento y partida del Maestro; mientras los Cumplimientos, grandes jornadas -por lo general 5 días-, son el marco para que, a finales de enero y en San Juan, no podía ser de otro modo, los fieles, desde temprano en la mañana y hasta las 7 u 8 de la noche, oren, canten y reverencien la Creación desde una visión de la cristiandad.
El Templo Central, conocido también como finca San Juan Bautista, es el núcleo de la sociedad, mas, otros ramales pueden contarse: Río Nuevo, Santa María y La Alegría, todos en Niquero; mientras que las ermitas de Camagüey, La Habana y Miami, son no solo muestras de la permanencia de la fe; sino, de su expansión. En los cumplimientos de enero y junio es común ver llegar desde Manzanillo, Tunas, Holguín y Camagüey, cientos de personas que, agrupados en otras fraternidades espíritas, vienen a compartir con los «Hijos de Juan», jornadas de paz y unión.
Iniciando el tercer milenio, la práctica espírita en la ciudad mantiene vitalidad, y aunque la apertura religiosa y por ende, la penetración y/o solidificación de otras creencias y religiones ha aumentado, la preeminencia la sigue ostentando la doctrina codificada por Kardec y su variante cordonera, así lo confirman los cerca de 40 templos, casa templos y lugares donde se ofrecen caridad e instrucción, por otro lado, no deja de ser llamativo que sea el busto de Emelina Alarcón Alba, una reconocida espiritista de la ciudad, develado en enero del 2005, el único que orla una tumba en la Necrópolis Municipal, mientras el panteón de Los Apostolados resulta ser el más alto en dicho campo santo, el cual, rematado por una cruz, se eleva al azul infinito.