Historia del espiritismo en Chile

El espiritismo en Chile comenzó a difundirse a mediados del siglo XIX a través de la circulación de libros y de revistas. En los años siguientes, las disputas entre seguidores y opositores de esta doctrina mostraron las distintas posturas que existieron en torno a ella y la forma en que fue recibida en el país.
En 1862 la Imprenta Chillán publicó una traducción de El Libro de los Espíritus de Allan Kardec (1804-1869), texto que compiló la doctrina espiritista. En los años siguientes, el espiritismo se difundió en el país a través de la traducción de textos de otros autores extranjeros dedicados a esta doctrina y de la circulación de revistas espiritistas.
Si bien en la esfera pública el espiritismo estuvo en general dominado por los hombres, fue en el espacio doméstico donde la mujer pudo desarrollar una participación dentro de esta doctrina. En general esto ocurrió en sesiones donde mujeres eran asistentes o médiums de las comunicaciones. Relatos de este tipo, escritos por Rosario Orrego en la Revista de la Quincena (1873) y Mercedes Echeverría de Vargas, en el libro Treinta i tres días de espiritismo ó sea desengaños de una espiritista (1902), están digitalizados en Memoria Chilena.


Junto con las asociaciones espiritistas existieron otros espacios de difusión y práctica de esta doctrina. Entre ellos, la sección «Consultorio espiritista» de la Revista Sucesos, donde las personas podían presentar sus consultas a espíritus familiares. Además, circularon en el país textos literarios destinados a difundir el espiritismo, tales como la novela Revelaciones de ultratumba de Ramón Pacheco (1845-1888).

Así como el espiritismo tuvo numerosos adeptos en el país, también fueron varias las personas que se opusieron públicamente a esta doctrina. Un motivo de disputa entre seguidores y opositores del espiritismo fue la veracidad científica de sus fenómenos.
Otro motivo fue que la Iglesia Católica rechazó al espiritismo por considerarlo una «obra del demonio». Por ello, condenó sus textos doctrinales y llamó a los fieles a abstenerse de practicarlo. Una de las ocasiones en que católicos y espiritistas se enfrentaron fue en 1876, cuando el padre jesuita José León y el profesor del Instituto Nacional Francisco Basterrica se debatieron públicamente sobre los principios del espiritismo.
Pese a que el espiritismo compartió propósitos y principios con el catolicismo, este se diferenció de la práctica católica en varios aspectos. Entre ellos, que el ritual espiritista era practicado en el espacio privado y que cualquier persona podía ser médium, lo que para Manuel Vicuña Larraín democratizó la experiencia religiosa . En relación al espiritismo y el proceso de secularización en Chile, este historiador ha afirmado que el espiritismo fue consecuencia y origen de dicho proceso, pues junto con compartir con el catolicismo elementos como la creencia en Dios y la inmortalidad del alma.