Historia del Espiritismo en Dinamarca

El espiritismo se extendió de Estados Unidos a Europa, y el movimiento se hizo especialmente popular en Inglaterra y Francia en las décadas de 1850 y 1860. Daniel Dunglas Home (1833-1886) fue un famoso médium que viajó por Europa en la década de 1850, actuando para la aristocracia británica y el emperador francés Napoleón III (1808-1873). Aunque Homes actuaba principalmente para las élites de la sociedad, el espiritismo en Inglaterra y Francia ganó adeptos de todas las clases sociales.
En particular, el movimiento espiritista francés fue una importante fuente de inspiración para los espiritistas daneses. Allan Kardec (1804-1869) había escrito varios libros sobre el espiritismo. Entre otras cosas, demostró que la reencarnación era un elemento de la doctrina espiritista. El tema de la reencarnación se hizo muy popular entre los espiritistas daneses.

En otros aspectos, el espiritismo danés difería de sus homólogos extranjeros. Tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, el Espiritismo tenía ciertas coincidencias con movimientos políticos como el movimiento feminista en Estados Unidos y el movimiento socialista en Inglaterra. El espiritismo danés, en cambio, no tenía ningún punto de vista político particular. Además, el espiritismo en Estados Unidos e Inglaterra tenía seguidores cristianos y no cristianos, mientras que el espiritismo danés era esencialmente un movimiento cristiano.
La irrupción del espiritismo y la Dinamarca moderna
Cuando el espiritismo arraigó en Dinamarca hacia 1890, la sociedad danesa se caracterizaba por una fuerte creencia en las ciencias naturales, que había ejercido presión sobre la autoridad tradicional de la iglesia nacional. La Iglesia había sido objeto de críticas en las décadas de 1870 y 1880. Tomando prestado un término del sociólogo alemán Max Weber (1864-1920), Dinamarca se caracterizó por el desencanto en las últimas décadas del siglo XIX. Según Weber, este desencanto era consecuencia de los procesos de modernización, caracterizados, entre otras cosas, por avances en las ciencias naturales que hacían la vida menos mágica y más mecánica. Un ejemplo de ello fue la difusión de la teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-1882), que puso en tela de juicio cómo debía entenderse el mito mágico y cristiano de los orígenes y qué significado debía tener la historia.


El espiritismo era un movimiento poco organizado y se desconoce el número exacto de espiritistas. La primera revista espiritista se publicó en Dinamarca en 1888, a la que siguieron otras en los diez años siguientes. Spiritists, publicada por la Hermandad Espiritista de Copenhague, señala que sólo esta organización contaba con unos 400 miembros a finales de la década de 1890. Sin embargo, el espiritismo estaba más extendido de lo que sugiere esta cifra, ya que también se practicaba en pequeños círculos privados en los que la gente se comunicaba con conocidos fallecidos.
Mucha gente se interesaba por el espiritismo porque ofrecía la oportunidad de hablar con amigos y familiares fallecidos. Sin embargo, las revistas espiritistas se centraban principalmente en difundir las ideas religiosas y filosóficas que sustentaban las creencias espiritistas, y algunas revistas informaban sobre experimentos presentados como prueba de las afirmaciones del espiritismo.
Reacción a la modernidad
Los espiritistas daneses estaban muy descontentos con el desencanto de los tiempos modernos en forma de materialismo y racionalismo. En la revista espiritista Lysets-Banner, los espiritistas declararon que querían luchar contra la visión materialista del mundo, que no dejaba espacio para lo espiritual. La desmitificación de la modernidad había abierto un vacío religioso que los espiritistas pretendían llenar. Por un lado, los espiritistas criticaban elementos de la modernidad; por otro, ellos mismos estaban fuertemente influidos por la modernidad.
Los espiritistas no se orientaban hacia el pasado y la práctica establecida de la religión, sino que miraban hacia un nuevo futuro en el que la religión y la ciencia podían ir de la mano. En consonancia con esta idea, los espiritistas criticaban a la Iglesia Nacional por considerarla demasiado anticuada. La Iglesia Nacional no tenía en cuenta la ciencia moderna. Los espiritistas creían que el Espiritismo era una unidad de religión y ciencia y que el contacto con los espíritus podía probarse científicamente y demostraba las enseñanzas del Espiritismo. Sin embargo, el espiritismo no era reconocido por la ciencia, lo que fue provocando cierta ambivalencia hacia la ciencia entre los espiritistas.

Una modernidad paradójica
La ambivalencia del Espiritismo hacia la ciencia se refleja también en el hecho de que algunos de los argumentos con los que los espiritistas intentaban presentar el Espiritismo como científicamente legítimo tenían claros defectos lógicos. Los espiritistas a menudo animaban a los escépticos a investigar el Espiritismo por su cuenta, pero al mismo tiempo, la creencia en la verdad del Espiritismo y en Dios se consideraba un requisito previo para ver y comprender los hechos del Espiritismo.
Los espiritistas no sólo eran ambivalentes frente a la ciencia, sino también frente a otros cambios sociales que se estaban produciendo en la época. El Espiritismo puede ser visto como una crítica fundamental de ciertos aspectos de los procesos de modernización, pero también como un movimiento que abrazó aspectos importantes de la modernidad. Por ejemplo, una creencia optimista en el progreso científico. Los espiritistas consideraban que elementos modernos como la verdad de la ciencia eran obviedades que no se podían descartar sin más. Por el contrario, trataban de redefinir las premisas para encontrar un punto de vista religioso en un mundo cada vez más caracterizado por la racionalidad y un punto de partida científico.
Esta experiencia paradójica de la modernidad no fue exclusiva de los espiritistas, sino que afectó a muchas personas de la sociedad. Aunque sólo unos pocos se hicieron espiritistas, muchos vivieron los procesos de modernización como algo prometedor y aterrador a la vez. El auge del espiritismo permite comprender el sentimiento de inseguridad e inestabilidad de amplios sectores de la sociedad de finales del siglo XIX.