Cecília Rocha

Cecília Rocha nació en Porto Alegre (Rio Grande do Sul) el 21 de mayo de 1919, un año después del armisticio de la Primera Guerra Mundial, con una misión de luz. Hija de José Rocha y Carmem Rocha. Él, minero de Sete Lagoas y ella, gaucha de la ciudad de Jaguarão. Su padre era comerciante. Su madre se dedicaba a las labores domésticas. Fue la primogénita de cinco hermanos: Otávio, Alberto, Mário y Fernando. Pasó su infancia en la Avenida Brasil, en el barrio de São Geraldo, en Porto Alegre. Después de completar la enseñanza primaria, cursó la enseñanza secundaria en el Instituto de Educación General Flores Cunha, en Porto Alegre, donde terminó el curso de Magisterio en 1938, definiendo así su brillante futuro en el ámbito de la educación infantil y juvenil.
A continuación, realizó el curso de Métodos y Técnicas Pedagógicas y realizó varias prácticas en escuelas públicas de su ciudad natal, buscando perfeccionarse en el ámbito docente. En 1940, fue nombrada profesora pública de Rio Grande do Sul, trabajando inicialmente en el interior del estado. Cecília imprimía en las escuelas que dirigía un trabajo administrativo y pedagógico que destacaba por su organización y progreso. Estimulaba a la comunidad escolar a integrarse con las familias y con las demás instituciones de la localidad donde se encontraba, promoviendo actividades culturales y cívicas de gran importancia para todos. Su actuación se caracterizaba por el diálogo abierto con los alumnos, los profesores y las familias, buscando preservar y poner en práctica los valores morales. De esta manera, siempre podía contar con la adhesión de todos a sus proyectos. El espacio físico de las escuelas bajo la dirección de Cecília sufría constantes transformaciones, ya que ella no escatimaba esfuerzos para mejorar las instalaciones escolares, desde las aulas hasta el jardín y el huerto.
Para ello, involucraba a los profesores, los padres y la comunidad, con el fin de que la ayudaran en esta empresa en la que los beneficiados eran los alumnos, que pasaban a tener un espacio escolar limpio y agradable, a pesar de ser una escuela pública. Su dinámica actuación en las escuelas públicas estatales del interior del estado de Rio Grande do Sul se prolongó hasta 1947, cuando fue trasladada a Porto Alegre para dar clases. En 1957, cuando ya estaba integrada en el Movimiento Espírita Gaúcho como evangelizadora, la joven profesora fue invitada a asumir la dirección de la escuela primaria privada del Instituto Espírita Amigo Germano. La escuela era de enseñanza fundamental, de carácter asistencial, dedicada a la alfabetización de niños carentes, con profesoras cedidas por la Secretaría de Educación del Estado. En 1958, participó en una confraternización de jóvenes espiritistas del norte y noreste, celebrada en Teresina, estado de Piauí. En representación de Rio Grande do Sul, presentó sus experiencias junto a su cuñada, la profesora Dinah Rocha, en tierras gauchas. En esa ocasión, conversó por primera vez con Divaldo Pereira Franco, quien la invitó a conocer la Mansión del Camino y a orientar la escuela que allí existía. Cecília aceptó la invitación y, en 1960, pasó de marzo a diciembre en la Mansión del Camino, donde trabajó como directora de la Escuela Primaria de la Obra Socioeducativa de Divaldo Pereira Franco, en Salvador, Bahía.
Durante ese período, actuó como una verdadera misionera de la educación espírita, con devoción y abnegación en favor del ideal. Su alegría y conocimientos técnicos cautivaron a todos, contribuyendo pedagógicamente a mejorar la educación de los niños internos de la Casa, enseñándoles canto, teatro, coro y, sobre todo, disciplina, siempre basada en la Codificación Espírita. Según Divaldo, cuando conoció a Cecília Rocha, tuvo la oportunidad de contactar con el Espíritu Francisco Spinelli, que la acompañaba, inspirándola en el desarrollo de las tareas a las que había dedicado su preciosa existencia. El noble mentor le informó en ese momento que se trataba de alguien comprometida con la labor misionera de iluminar las conciencias infantiles y juveniles a la luz meridiana del Espiritismo. El médium bahiano quedó muy impresionado con la sencillez y la devoción de su querida amiga, restableciendo desde entonces vínculos de gran afecto y respeto, comprendiendo la gran importancia de su ministerio, la seriedad con la que lo ejercía y su profunda relación con las venerables entidades que administran el movimiento espiritista en Brasil. Por invitación, Cecília viajó a varios municipios del interior de Bahía para divulgar el trabajo de evangelización y dar conferencias. Cuando terminó el año escolar, regresó a Porto Alegre.
Siempre encontró un gran apoyo en Divaldo para el desempeño de su tarea. Mantenían un contacto constante y él aprovechaba sus viajes para divulgar la importancia del trabajo de preparación de evangelizadores que ella y su equipo realizaban. El tribuno bahiano procuraba brindar apoyo estratégico para los desplazamientos de Cecília, en cuanto al alojamiento en casas de hermanos suyos conocidos, en los diversos estados de Brasil a los que ella iba, junto con su equipo, a realizar su tarea. De esta manera, recibían todo el cariño y el apoyo para implementar el Curso de preparación de Evangelizadores, que era la tarea principal en aquella época. Además, Cecilia y Dinah Rocha, al ser educadoras ejemplares, se convirtieron en pioneras de esta actividad, aunque otros ya la estaban realizando también. Ellas aportaron la psicología infantil y la pedagogía contemporánea (desde aquella época), creando textos, cuentos y canciones en los que se introducían las enseñanzas del Espiritismo, perfectamente adaptadas al interés de las generaciones a las que estaban destinadas.
Durante la década de los 70, Cecília trabajó en la dirección de instituciones como la Asociación Educativa Mahatma Gandhi, en Porto Alegre, y la Escuela Primaria del Hogar de los Pequeños de Jesús, atendiendo a niños necesitados y clases especiales para alumnos con discapacidad mental. En esa ocasión, cursó con distinción la Facultad de Educación de Porto Alegre, concluyendo en 1976 la licenciatura en Pedagogía, con especialización en Administración Escolar. En 1980, Cecília Rocha se trasladó de la Federación Espiritista de Rio Grande do Sul (FERGS) a la Federación Espiritista Brasileña (FEB), en Brasilia, ya que el inolvidable presidente Francisco Thiesen necesitaba a alguien con amplios conocimientos doctrinales y experiencia con niños y jóvenes, con el fin de ampliar el programa del Departamento de Infancia y Juventud (DIJ) del Consejo Federativo Nacional. Nadie mejor que la querida educadora gaucha reunía todas esas cualidades.
Con verdadera sabiduría, Cecília no se alejó de sus raíces de nacimiento y doctrinales, sino que supo tender un puente de conexión, que se mantuvo fuerte, cumpliendo con sus compromisos de manera elegante y feliz, sin perjuicio de ningún tipo. Desde 1983, Cecília amplió su actuación en el área de enseñanza de la Federación Espiritista Brasileña. Además de la coordinación del DIJ, asumió el ESDE (Estudio Sistematizado de la Doctrina Espírita), la Medianidad y el Estudio Profundo de la Doctrina Espírita. También pasó a orientar la elaboración de los cuadernos que dan soporte didáctico-pedagógico a estas actividades. Cecília actuó en el área de Evangelización de nuevas generaciones desde 1951, buscando siempre, con los diversos equipos con los que ha trabajado, actualizar metodologías y estrategias, salvaguardando el contenido evangélico-espírita que es la línea maestra de la actividad. Entre las muchas cualidades de su carácter, destaca su fidelidad al Espiritismo, por encima de los intereses personales y los afectos humanos. Su sinceridad, hecha de lealtad y amor por la Causa, era uno de los hermosos valores de su comportamiento. Su renuncia a la familia, a los afectos, a las comodidades, viajando de un lado a otro, en Brasil y en el extranjero, en días pasados, muy difíciles y prejuiciosos, diferentes a los actuales, dicen de la grandeza del Espíritu que ella es. La bondad, la amabilidad, el cariño hacia todos, son otros de los valores que poseía.
Desde que se formó como profesora, Cecília se ha dedicado a estudiar la vida y obra de los grandes educadores de la humanidad, buscando en ellos una base teórica e inspiración para la práctica docente. Para ella, Jerónimo de Braga, discípulo de Jan Huss, siempre fue motivo de profunda reflexión sobre la cuestión de la selección y la importancia del contenido que se debe impartir a los niños y jóvenes. Esa era una de sus preocupaciones constantes como educadora: qué enseñar, qué ofrecer al alumno, espíritu inmortal que está de paso por la encarnación. Jon Amos Comeniuns era uno de los maestros favoritos de Cecilia porque encontró muchas respuestas y sugerencias sobre cómo desarrollar el contenido seleccionado, ayudándola a reflexionar sobre qué metodología sería la más adecuada para estimular realmente el interés del alumno, cuáles serían los recursos más significativos a utilizar que realmente despertarían las potencialidades latentes en el interior de cada alumno.
Cecília también buscó inspiración y orientación en los ideales de Jean Jaques Rousseau, en la propuesta pedagógica de Pestalozzi, comprovadas por su aplicación práctica en Frederich Froebel y su propuesta didáctica orientada a la primera infancia, así como en Maria de Montessori, entre otros. Siempre se mantuvo atenta a las nuevas teorías sobre la enseñanza y el aprendizaje, analizando con mucho criterio las novedades que surgieron en los siglos XX y XXI en Pedagogía, proponiendo debates con los equipos de trabajo que coordinaba, buscando absorber lo que era útil y bueno y que enriquecería el trabajo pedagógico propuesto por la FEB. Regresó al mundo espiritual en la madrugada del 5 de noviembre de 2012, en el Centro de Tratamiento Intensivo del Hospital Santa Marta, en el Distrito Federal, a los 93 años de edad.