Angel Aguarod

Ángel Aguarod vino al mundo en un humilde hogar, en el pueblo de Ayerbe, provincia de Huesca, al norte de España, el 2 de octubre de 1860, siendo sus padres Don Juan Aguarod y Doña Juana Torrero. Nacido en un hogar católico, su primera educación fue, naturalmente, católica, a cargo de su tío materno, don Pablo Torrero, que era cura y párroco de la localidad de Novales, en la misma provincia de Huesca. Tenía 11 años cuando salió de su provincia natal para establecerse en la populosa y activa Barcelona. Fue en esta ciudad donde se desarrolló su espíritu ávido de progreso. En la bulliciosa capital catalana se emancipó de la tutela católica. Las ideas de libertad, igualdad y fraternidad invadieron su alma y se apoderaron de el.
De origen humilde, tuvo que dar sus primeros pasos en la vida material en el seno de la clase obrera. Como obrero, se afilió a la entidad de su clase y, a los 17 años, ya ocupaba el cargo de secretario general y delegado de la misma ante el «Centro Federativo de las Sociedades Obreras» de Barcelona. Por aquella época, en 1877, se inició en la capital de Cataluña, por Dom Antonio Tudury y Pons, un movimiento a favor de la enseñanza laica, al que se adhirió con todo entusiasmo, fundando él mismo un colegio que dirigió y mantuvo hasta el año 1905, tras lo cual se estableció en Argentina.
Para atender y dirigir este colegio, que recibió el nombre de Sócrates, cursó estudios en la Escuela Normal de Barcelona, asistiendo a clases nocturnas, ya que durante el día necesitaba ganarse el sustento para él y su familia. Fue en 1880 cuando su espíritu inquieto se interesó por la Doctrina Espiritista, dedicándose plenamente a su estudio. Sus primeros pasos en el terreno del espiritismo los dio en «La Cosmopolita», una sociedad formada por elementos genuinamente racionalistas y de tendencias liberales y universalistas. Pronto pasó al «Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos», del que fue uno de los fundadores, al igual que de la «Unión Espiritista Kardeciana» y de los Centros «Sócrates» y «Amor y Ciencia», de los que ocupó la presidencia en varios períodos, con una actuación destacada.
Se puede afirmar que hasta 1905, época en la que se trasladó a Argentina, no hubo ningún acto festivo de propaganda espiritista en España en el que no participara y, en muchos de ellos, junto con Amalia Domingo Soler, Belén Serraga de Ferrero, el vizconde Antonio Torres Solanot, el doctor Manuel Sanz Benito, Miguel Vives, Quintín López Gómez, Fabián Palasi y muchos otros pioneros del movimiento espiritista español. En 1905 se instaló en la República Argentina y pronto comenzó a trabajar en «Constancia» y en «La Fraternidad». Poco después fundó el «Centro Amor y Ciencia» y la «Liga Espiritista Kardeciana de Propaganda», instituciones que presidió, además de dirigir la Escuela Dominical que funcionaba en el Centro Amor y Ciencia. También dirigió la primitiva revista El Espiritismo, que fundó como órgano oficial de la Liga. Fue uno de los conferenciantes más destacados del cuadro organizado por Constancia, turnándose en la tribuna con Cosme Mariño, el doctor Ovídio Rebaudi, Francisco Durand y algunas otras luminarias de la oratoria. Recorrió varias veces el interior de Argentina, dando conferencias y ayudando a fundar centros y sociedades espiritistas. Regresó a España y, poco después, se dirigió a Uruguay, donde permaneció unos meses, para luego residir en Paraguay, país en el que se dedicó a una activa labor de propaganda. Pero allí su espíritu sufrió un duro golpe con la trágica desencarnación de su nieto más querido, fallecido en un accidente de tráfico.
Por un breve periodo de tiempo regresó a su patria natal y, en 1915, volvió a Sudamérica, decidiendo residir en Porto Alegre. Al llegar allí, se incorporó a la vida activa del espiritismo brasileño, participando en varias sociedades y colaborando en la revista «Eternidade», órgano de las sociedades «Dias da Cruz» y «Allan Kardec», revista que más tarde pasó a dirigir hasta su última publicación. En dicha revista inició una intensa campaña a favor de la unión de los espiritistas de Rio Grande, campaña que se vio coronada por el éxito con la fundación, el 17 de febrero de 1921, la Federación Espiritista de Rio Grande do Sul, cuya presidencia ocupó hasta 1927, realizando, durante su presidencia y después de ella, numerosas excursiones de propaganda, que dieron como resultado la creación de nuevas sociedades y centros de estudio en el interior del estado. Fundador, en 1921, en Porto Alegre, del Grupo «Paz» y, en 1922, de la Sociedad «Paz y Amor», fue elegido su presidente, cargo que aún desempeñaba en el momento de su desencarnación. Aguarod no solo desarrolló sus actividades asociativas en el campo del espiritismo, al que siempre dedicó su mayor entusiasmo.
Su labor como publicista espiritista fue enorme. Fundó y dirigió periódicos y revistas como «El Espiritismo», desde 1905 hasta 1912, en Buenos Aires; «Nueva Era», en Barcelona; también dirigió «La Unión Espiritista», también en Barcelona; «Fraternidad», de Alcoy (Alicante); «La Antorcha del Progreso», de Badalona; «Eternidad» y «Boletín de la Federación Espiritista de Rio Grande do Sul», colaborando en muchas otras, como: «Luz y Unión», «La Luz del Porvenir», de Barcelona; «Constancia» y «La Fraternidad», de Buenos Aires; «Reformador», de Río de Janeiro; «El Espiritismo» y «Luz y Vida», también de Buenos Aires; «Rosendo», de Cuba, además de una infinidad de artículos que le solicitaban otras publicaciones de Europa y América, que él enviaba de buen grado sin recibir nunca, por tanto trabajo, ninguna retribución, a pesar de que, durante toda su vida, se ganaba su modesto pan de cada día con su trabajo en ocupaciones y empleos honestos, a veces como obrero, otras como educador. Ante tanta actividad, ¿quién podría pensar que aún le quedaría tiempo para otros trabajos, además de sus múltiples ocupaciones diarias? Pues aún encontraba tiempo para escribir algunas obras de propaganda y divulgación espírita, como «Los Mensajes de Abuelo Pablo», «Orientado hacia las Cambres», «Del Maestro al Discípulo», «Confidencias Espirituales», «Grandes y Pequeños Problemas a la Luz de la Nueva Revelación» (en castellano), publicada en traducción portuguesa (1932) por la FEB (Federación Espiritista Brasileña), «Vozes de Além-Túmulo» (en portugués), «La Verdad a los Niños», obras a las que atribuía origen espiritual, ya que Aguarod creía poseer la mediumnidad intuitiva, medio por el cual suponía que le habían sido dictadas. Dejó inédita la importante obra «El Sermón de la Montaña».
El 13 de noviembre de 1932, este incansable luchador por el movimiento espírita falleció en Porto Alegre a la edad de 72 años.