William Thomas Stead

Nacido en Embleton, Nothumberland, Inglaterra, el 5 de julio de 1849, y trágicamente desencarnado en la catástrofe ocurrida con el transatlántico Titanic, en la noche del 14 al 15 de abril de 1912.
A principios de la década de 1910, no se hacían reportajes en ocasión de los grandes acontecimientos. Un notable periodista, William Thomas Stead, tuvo la feliz idea de iniciar este género de publicidad, que alcanzó gran repercusión en Inglaterra.
Con motivo del lanzamiento del Titanic, el mayor barco del mundo, reputado como insumergible, tales las innovaciones introducidas en él y el sistema constructivo, este famoso hombre de prensa fue invitado a hacer el reportaje de su viaje inaugural, dando cobertura periodística a todo lo que sucedía a bordo.
Sucedió, sin embargo, que el barco se estrelló contra enormes glaciares y en un intento de rescate ordenado por el comandante, se abrió una enorme grieta en su casco, ocasionando su naufragio en la noche del 14 al 15 de abril de 1912.
Entre las mil, quinientas y tres víctimas, estaba William Thomas Stead. El infausto acontecimiento llenó al mundo de consternación y el Espiritismo quedó privado del valioso concurso de un destacado hombre de prensa, hombre que estaba vivamente empeñado en divulgar las grandes verdades que había constatado en sus trabajos de investigación en el campo de la fenomenología mediúmnica.
Notable periodista, escritor y publicista inglés, William Thomas Stead se dedicó muy joven a esta carrera.
En el año 1871, dirigió el Norhern Echo de la ciudad de Darlington y, en los años 1883 a 1889, dirigió el Pall Mall Gazette.
En el año 1890, fundó la Review of Rewies y en 1893 y 1894 lanzó numerosas revistas del mismo género, en los Estados Unidos y en Australia.
De 1893 a 1897 dirigió el órgano espiritualista Borderland.
En el año 1898, inició una visita a Rusia, donde fue recibido por el Zar, dando inicio a la intensa lucha en favor del pacifismo mundial, ideal que pasó a defender con todo entusiasmo, a través de la palabra escrita y hablada.
En el curso de la Conferencia de Paz, celebrada en La Haya, en el año 1899, Stead tuvo la oportunidad de visitar esa ciudad, iniciando poco después en Inglaterra, acérrimas campañas contra la guerra sudafricana, y como consecuencia, ha contraído muchas enemistades.
Trabajó arduamente y valientemente para establecer un tratado entre Alemania e Inglaterra, abogando por la realización de una segunda conferencia de paz, celebrada posteriormente en La Haya, en los Países Bajos, donde, como corresponsal, Publicó el Correo de la Conferencia de Paz.
Era notable la facilidad con que escribía sus artículos, los cuales, invariablemente, llevaban un carácter sensacionalista.
En sus libros se puede observar la vivacidad y el empeño con que trataba los temas que deseaba abordar: La verdad sobre Rusia (1888), Si Cristo viniera a Chicago (1893), La guerra del trabajo en Estados Unidos (1894), El mundo invisible de Satanás (1897), Los Estados Unidos de Europa (1899), Estudios sobre la Sra. Booth (1900), La americanización del mundo (1902).
El rey de los periodistas y, más que eso – el emperador, fue el título elogioso que recibió en París, en enero de 1907, cuatro meses antes de la celebración de la famosa Conferencia de La Haya.
Cuando estaba en la cima de su carrera como escritor y periodista, unos años antes de su desencarnación, dejó llenos de admiración a Inglaterra y al mundo científico, con su confesión de que estaba plenamente convencido de la existencia del mundo de los espíritus, por el hecho de haber recibido, a través de su propia mediunidad, una serie de comunicaciones espíritas, atribuidas al Espíritu Julia, que fueron publicadas posteriormente en un libro que alcanzó gran repercusión, denominado Cartas de Julia.
Decía: Las cartas de Julia fueron recibidas por mí mismo. Estando solo, sentado y con ánimo tranquilo, colocaba conscientemente mi mano derecha, en la que tenía una pluma, a disposición de Julia y observaba con vivo interés todo lo que ella escribía. Puedo admitir, como afirman mis detractores, que las cartas de Julia fueron escritas simplemente por mi subconsciente yo, eso no disminuiría en nada la verdad, ni disminuiría la fuerza de esta prueba elocuente y conmovedora a favor de la vida superior. Cuánto desearía que mi yo consciente pudiera escribir tan bien!
En el año 1895, respondiendo a una pregunta del Morning Advertiser de Nueva York que le preguntaba por qué creía en la inmortalidad, él respondió: Solo el Eterno puede afirmar o negar la inmortalidad. Si te entiendo bien, no se trata de la inmortalidad del alma sino de la persistencia de la entidad individual, después de la disolución del cuerpo, por medio de la cual esa entidad se manifestaba durante su vida terrena. Ahí está una pregunta mucho más simple, a la que puedo responder sin vacilación y sin temor. No sería cierto si dijera que creo en la persistencia del individuo después de la muerte, por haber observado los fenómenos llamados espíritas. Mucho antes aceptaba ese hecho. Después someto mi creencia a la prueba de una demostración experimental. Y si alguna vez dijo: yo creo, hoy digo, lo sé. ¿No hay una gran diferencia?
William Thomas Stead fue un gran amigo del gran Ruy Barbosa.
Se dice que en la noche del naufragio del Titanic, los familiares de este gran político brasileño, reunidos en una sesión de experimentación mediúnica, en Poços de Caldas, recibieron la información de que el famoso periodista había desencarnado, noticia que Ruy recibió con sorpresa y bastante naturalidad, cuando uno de los miembros de su familia se lo comunicó.
El viejo político reconoció en el mensaje, de forma sorprendente, el estilo de Stead.