Maria da Conceição Rocha e Silva

Las nuevas generaciones necesitan conocer a Maria da Conceição Rocha e Silva, cariñosamente llamada “Nina”. Adoptó el seudónimo Nina Arueira, siendo este último el apellido de su padre. Nació en Campos dos Goytacazes el 7 de enero de 1916 y falleció el 18 de marzo de 1935. Periodista, escritora, líder sindical y poeta, su fallecimiento a los 19 años cambió para siempre la vida de su prometido Clóvis Tavares.
A los cinco años ya habría leído un libro de Victor Hugo. Nina dictaba pequeños poemas que su padre anotaba. Más tarde fueron publicados en el periódico Rindo, bajo el seudónimo de “Princesa de Vera Cruz”, hija de Lino Arueira y de su esposa Maria Magdalena Rocha e Silva. Desde la infancia se mostró precoz y superdotada. Su abuela la llamaba “Pequenina”, y sus familiares simplemente “Nina”, seudónimo que adoptaría en la adolescencia. El 15 de julio de 1924, con ocho años, fue elegida para recibir, en una gran celebración cívica municipal, al primer obispo de la ciudad de Campos dos Goytacazes, D. Henrique César Fernandes Mourão. En 1928, con doce años, falleció su padre y Nina pasó a ayudar a su madre en el pequeño comercio familiar. Fue un período muy difícil, un momento de gran maduración para la joven, y las observaciones que hizo sobre la sociedad, las relaciones laborales y la hipocresía dominante se reflejarían en sus futuros textos y poemas.
Nina joven
A los quince años, Nina ingresó en el Liceo de Humanidades de Campos. Realizó conferencias en el teatro de la ciudad, donde su fama como articulista y crítica se difundía. Escribió el manifiesto A la juventud de mi tierra. Por sus ideas, enfrentó críticas y persecuciones por parte de otros periodistas y habitantes de la ciudad. En el Liceo conoció a Clóvis Tavares y Adão Pereira. Fundaron un periódico estudiantil. Con 16 años ya publicaba artículos en defensa de la clase trabajadora y de las prostitutas. Se afilió al Partido Comunista a los 18 años y fundó la Alianza Nacional Libertadora en Campos, un frente de izquierda compuesto por sectores de diversas organizaciones de carácter antifascista y anti-integralista. Abandonó el liceo por su insatisfacción con la metodología educativa.
En los difíciles años de comienzos de la década de 1930 en Brasil, y en medio de preocupaciones familiares, se unió a la Unión de la Juventud Comunista junto con sus dos amigos del periódico estudiantil. Para la joven comenzó un período de lucha: cansada de los debates escritos, fue a las puertas de las fábricas, donde organizaba mítines y fundaba sindicatos. En ese período también comenzó a frecuentar la Sociedad Teosófica, buscando la espiritualidad que le faltaba en el movimiento obrero, y se enamoró de Clóvis Tavares, su compañero constante.
En 1931 ya publicaba poemas que demostraban su inteligencia y madurez moral. Escribió el siguiente concepto de Dios: “Dios es un océano interminable y nosotros somos cada uno un Mediterráneo en las entrantes de la tierra”. Muy espiritualizada, Nina estaba adelantada a su tiempo. Soñaba con una sociedad fraterna y defendía ideas más liberales para las mujeres, sosteniendo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. El 1 de mayo de 1934, durante un gran mitin en la plaza Praça do Santíssimo Salvador en Campos, la pareja fue invitada a hablar ante los trabajadores. Durante el discurso de Clóvis, alguien en la multitud incendió la bandera nacional, hecho que la policía presente interpretó como una afrenta al gobierno. En la represión posterior, Clóvis fue detenido y Nina logró escapar. La historia de Campos está llena de mujeres importantes e increíbles que marcaron su época.
Su amistad con Virgílio de Paula fue fundamental, pues cuando contrajo tifus fue el querido “vovô Virgílio”, como ella lo llamaba, quien la cuidó hasta su fallecimiento, ocurrido antes de casarse con Clóvis Tavares y de cumplir veinte años.
Profundamente afectado por la muerte de su prometida, Clóvis Tavares recibió la noticia de que el espíritu de Nina se había comunicado en una sociedad espiritista. Este hecho dio un nuevo sentido a su vida, y desde entonces se convirtió en adepto del espiritismo. Poco después, en octubre de 1935, fundó la Escuela Jesús Cristo para niños, inspirada en una escuela del plano espiritual fundada por el espíritu de Nina Arueira. Nina fue la gran inspiradora de su vida y, en la patria espiritual, continúa su labor educativa apoyando a niños y jóvenes.
Casas espiritistas, grupos asistenciales, juventudes espíritas y escuelas fueron creadas con el nombre de Nina Arueira, como por ejemplo el CIEP Nina Arueira ubicado en el barrio de Penha, en Campos dos Goytacazes. Demos gracias a Dios, pues a través de las enseñanzas del espiritismo y de ejemplos de vida como el de Nina y Clóvis, nos preparamos día a día para la vivencia de la inmortalidad y la justicia divina.
Qué hizo Nina para ser inmortalizada? Tras su muerte el 18 de marzo de 1935, comenzó un proceso histórico en el que dos corrientes —los espíritas y los comunistas— disputaron su memoria y le atribuyeron características místicas de heroína y mártir. Según Juliana Carneiro, autora del libro El despertar de Nina Arueira: de la disputa de la memoria a la construcción del mito, para los comunistas murió una militante combativa, una referencia de lucha para movilizar nuevos activistas. Para los espíritas, en cambio, Nina no murió: solo desencarnó. Dejó de luchar en el plano terrenal y evolucionó para contribuir a la humanidad desde lo espiritual. Al año siguiente, Clóvis conoció a Chico Xavier, y esta amistad fue muy importante para su vida como profesor y escritor. Entre los médiums que psicografiaron mensajes del espíritu de Nina destaca Francisco Cândido Xavier.
“La mujer que reconoce su calidad de ser humano; racional, sensible, vibrante, con los mismos derechos a la vida y a la libertad. Es la mujer que se considera capaz de enfrentar todas las luchas…” (mensaje psicografiado, Nina Arueira, 29/04/1942)
A continuación, parte de uno de los más bellos poemas de la joven Nina Arueira:
“Mi espíritu vibró en el silencio de la materia…
Mi alma se exaltó en la vibración de la luz…
Viví sobre la tierra en la aspiración sideral
de tocar con mi alma la lira de Jesús…
De la vida no vi más que la engañosa apariencia,
ficticia riqueza que no me sedujo,
porque mi corazón estaba hecho de la esencia
que del cielo se eleva y hacia el cielo subió.
El mundo vino a mí lleno de adulaciones…
Y rechacé el mundo y su corte altiva…
No conocí de la vida las tristes ambiciones,
pero sí la ambición feliz de allá arriba…”