Johannes Brahms

Johannes Brahms nació en Hamburgo el 7 de mayo de 1833, amante del estudio, siempre abierto a todo lo que fuera noble y bello, y que compartía tanto las penas como las alegrías de los demás. La característica fundamental de su música es la resignación elegíaca.
Hay que subrayar que Brahms entendía que la música, a pesar de sus adornos externos, es, en su expresión más elevada, ¡una cuestión del Espíritu!
Estamos totalmente de acuerdo, porque el cuerpo físico no es más que un dispositivo para ejecutar las órdenes y vibraciones del Espíritu, y sobre todo cuando se trata de música, porque la música es un lenguaje por excelencia.
Brahms era un hombre sentimental, profundamente sensible a las dulces armonías, aunque su físico no correspondía a la delicadeza de su Espíritu.
La música y su temperamento, según uno de sus biógrafos, esconden un alma tierna dentro de un cuerpo de granito. Cuentan incluso que, en pleno ensayo de una de sus obras, saltó de su silla y cruzó la sala con las manos apretadas, gritando: «Paren esta música terrible». Estaba de espaldas a los músicos y las lágrimas corrían por su rostro. La emoción le había desbordado y éste era el medio que utilizaba para disimularla.
En opinión de Schumann, el joven Brahms tenía entonces todos los indicios de estar predestinado; y llegó a decir: «Cuando este joven se decida a tratar con el coro y la orquesta, cuando estas poderosas masas le presten su fuerza, entonces nos dará vislumbres aún más deslumbrantes de los misterios del mundo espiritual.»
La mediumnidad de Brahms le permitió ofrecernos una música de tal sentimentalismo que nuestro espíritu, al escucharla, parece desprenderse del cuerpo somático, ¡en su deseo irrefrenable de alcanzar regiones etéreas de luz, sabiduría y amor!
Cuando tenía unos 64 años, su cuerpo enfermo, atacado por un cáncer de hígado, empezó a ceder lentamente. El 2 de abril de 1897, perdió el conocimiento y a la mañana siguiente, a las ocho y media, sus ojos azules se cerraron.
Su última palabra, cuando el médico le hizo beber un estimulante, fue: «Gracias».