Cremación y Espiritismo

Muchas veces, nos preguntamos qué ocurre con la cremación, desde el punto de vista espírita, sobretodo actualmente, cuando parece estar tan de moda esta práctica.
Realmente no hay motivos para criticarla ya que intenta, solamente, facilitar los trámites y la burocracia de un entierro tradicional pero hay algunos puntos que deberíamos considerar a ese respecto, los cuales encierran posibles problemas para el alma del cremado:
1) Si el interesado estaba de acuerdo con la cremación y lo había pedido con anterioridad, o sea, si era su voluntad ser cremado.
2) Si tanto él como sus allegados tenían conocimiento espiritual sobre las posibles consecuencias para el espíritu del cremado o sea, si había conocimiento espiritual. Vamos a analizar un poco este tema, tan de actualidad y tan interesante.
Nosotros sabemos, gracias a las enseñanzas de los guías espirituales y a los testimonios dados por espíritus desencarnados que el Espíritu demora cierto tiempo (que no es igual para todos) antes de desligarse totalmente de su cuerpo físico. Cuando se produce la llamada “muerte”, el Espíritu se desprende, lentamente, de su cuerpo, desconectando los Chakras (centros energéticos espirituales) hasta separarse definitivamente. Entonces, el periespíritu (o cuerpo astral) se incorpora, con cierta dificultad, al lado del cuerpo físico sin vida, y se prepara para iniciar su nueva vida. Conocemos esta etapa como “período de turbación” porque, generalmente, el Espíritu no tiene conciencia de que dejó la vida terrenal y comenzó su nueva vida espiritual. Es un tiempo de miedo, de preocupación, de sorpresa, de inseguridad, donde lentamente el alma se empieza a acomodar a la nueva situación. Por supuesto, existen almas muy preparadas que no pasan por esta etapa y que rápidamente se desligan del cuerpo y se dirigen, acompañadas por los Buenos Guías a la Espiritualidad Mayor.
Como este tiempo, en el cual el alma se adapta, puede ser muy demorado (depende del grado de evolución espiritual de cada uno), el Espíritu o alma puede permanecer un tiempo cerca del cuerpo y vivenciar su propio entierro, su velatorio o su cremación (otros espíritus parten rápidamente al Mundo Espiritual). Si el interesado no tiene conocimientos espirituales puede ser muy traumático vivenciar la destrucción del cuerpo físico, al cual, se siente íntimamente ligado aún.
Por otro lado, sabemos que durante un cierto tiempo queda energía proveniente de las células del cuerpo, acumulada en la materia física y por esta energía pueden pasar sensaciones de dolor o de miedo a la mente transpersonal, que es parte del Espíritu.
Tenemos muchos relatos psicografiados, especialmente por nuestro querido Chico Xavier, donde son relatadas experiencias de espíritus recién desencarnados sobre sus impresiones inmediatas al momento de desencarnar. Algunos acompañaron su propio entierro o descomposición, incapaces de entender su nuevo estado de vida y sordos ante las orientaciones de los guías.
En “Obreros de la vida eterna”, capítulo XV, vemos cómo Jerónimo, guía espiritual, hace pases sobre el cadáver de un recién desencarnado, retirando los residuos de vitalidad para dispersarlos en la atmósfera común, a través de un proceso indescriptible para nuestro entendimiento. Está ayudándolo a desprenderse de la última energía vital que resta para que pueda liberarse totalmente y emprender el nuevo camino.
En el mismo capítulo encontramos a un desencarnado, junto a su cadáver, en el cementerio, que llora desesperadamente porque no acepta su nuevo estado de vida. Estas escenas se repiten muy a menudo porque los espíritus sin intereses espirituales y tal vez, muy apegados a la materia, demoran más tiempo en dejar sus despojos, creyéndose aún dentro de plano terrenal.
En “Acción y Reacción”, del mismo autor, Capítulo IV, observamos a un equipo espiritual de rescate que trae muchas personas recién desencarnadas, en desequilibrio emocional, quienes mantienen los recuerdos de enfermedades que les habían impuesto la desencarnación. Todos ellos están aún fuertemente conectados con las últimas sensaciones terrenales. Son los “moldes mentales” que carga cada uno. Por supuesto, serán ayudados por el Mundo Espiritual y llevados a lugares de recuperación. Los Mensajeros Espirituales no descansan nunca y nadie es abandonado de la mano de Dios.
En el capítulo XVIII del mismo libro el mentor espiritual dice: “… Algunos permanecen más tiempo, eso depende del grado de animalización de los fluidos que retiene el Espíritu a la actividad corpórea … Algunos, por horas, otros días o meses… el cuerpo inerte no significa liberación del alma… Cuanto más nos sumergimos en las corrientes de bajas pasiones, más tiempo tenemos que demorar para poder agotar las energías vitales que nos unen a la materia pesada y primitiva que constituye el instrumento fisiológico, reteniéndonos en las creaciones mentales, a las que nos hemos ajustado. Por lo tanto, “muerte física” no es sinónimo de “emancipación espiritual”.
Si el interesado tiene conocimiento de la vida del otro lado y fe en Dios, las cosas son más fáciles y no sufre la perturbación de asistir a la destrucción de su propio cuerpo físico. Suele alejarse y, confiado, dejarse guiar por los Mensajeros a su nuevo habitat. Por eso es tan importante que la cremación sea autorizada a conciencia por el interesado.
Los familiares y amigos pueden colaborar orando y comunicándose, mentalmente, con él para ayudarlo a desprenderse sin traumas ni miedos. La tradición de la cremación nos viene del oriente donde las personas ya nacen sabiendo que su cuerpo, algún día, será cremado como algo natural y sublime. Además, en Oriente, el conocimiento de las responsabilidades espirituales y las consecuencias de la ley del karma (acción y reacción) son algo natural e incorporado a la vida diaria de las personas. Son seres más espiritualizados.
En Occidente no solemos tener una vivencia tan profunda de la vida espiritual ni tampoco tanto saber de la vida después de la vida, en el mundo espiritual.
Todo esto complica un poco el tema de la cremación, desde el punto de vista del cremado.
O sea, si hablamos de una persona con amplios conocimientos de la vida espiritual, con responsabilidad de los actos y omisiones, con confianza y seguridad en sus ideales y convicciones, entonces, la cremación se convierte en un acto natural, donde simplemente se abrevia el tiempo de la destrucción de la materia y el Espíritu parte tranquilo y seguro a su nueva vida.
Si, por el contrario, hablamos de una persona sin mucho conocimiento de la vida espiritual, con miedos y dudas sobre su futuro, muy apegado a los afectos terrenales, a los intereses mundanos y materiales, entonces este espíritu corre el riesgo de presenciar la cremación, de sentir dolor, miedo y sobretodo, de desestabilizarse emocionalmente. Esto le podría producir un período más largo de “confusión”, o sea, demora en la separación definitiva del cuerpo físico y demora en la comprensión de su nuevo estado.
En el libro “El Consolador que prometió Jesús”, dictado por el Espíritu Emmanuel y psicografiado por Chico Xavier, encontramos una pregunta sobre el tema:
Pregunta 151 – ¿Puede el Espíritu desencarnado experimentar sufrimientos con la cremación de los restos mortales?
– En la cremación es menester se tenga piedad con los cadáveres, demorando por mayor número de horas el acto de destrucción de las vísceras materiales, porque en cierto modo siguen existiendo muchos ecos de sensibilidad entre el Espíritu desencarnado y el cuerpo donde se ha extinguido el tonus vital, en las primeras horas que siguen al desenlace, en virtud de los fluidos orgánicos que aún llaman al alma a las sensaciones de la existencia material”.
Sabemos que los buenos guías, mensajeros del Maestro Jesús, están siempre presentes para orientar, acompañar y guiar a todos los espíritus, especialmente en este momento importante de transición de vida para luego encaminarlos a los diferentes niveles de existencia que existen en el mundo espiritual (colonias).
Nadie queda desamparado ni desprotegido, el amor de Dios es demasiado grande para abandonar a cualquiera de sus hijos pero una cremación hecha sin autorización del interesado y sin algunos conocimientos puede acarrear complicaciones para el alma desinformada y demorar más su liberación de la materia.
Queda a criterio de cada uno tomar las decisiones correspondientes. Solamente sugiero que siempre sea el interesado quien diga la última palabra, quien concuerde en el proceso de destrucción del material físico. Del mismo modo creo importante que tanto él como sus amigos y parientes conozcan las leyes de la Espiritualidad para poder colaborar con eficacia en el proceso de encaminar al Espíritu a las zonas del Mundo Espiritual, con alegría, confianza en Dios y seguridad en el nuevo camino. Se recomienda, también, dejar pasar un día completo o más, antes de cremarlo, para permitir que todo vestigio de energía vital sea eliminado y devuelto al Cosmos.
Recordemos, una vez más, que nunca estamos solos y que el buen Jesús envía a su Mensajeros Espirituales para que nos acompañen en cada acto de nuestras vidas.
Etel Schulte