Pedro González Collados

Pedro González Collados, nació en el seno de una humilde familia, en la pedanía del municipio murciano de Puente Tocinos, el 20 de julio de 1933. Desde su más temprana edad, manifestó el gran potencial espiritual que encerraba en su interior teniendo sus primeras experiencias mediúmnicas.
Un día, al entrar en su habitación, su madre le encontró evitando: su cuerpo estaba suspendido más de medio metro por encima de la cama. En otra ocasión, escuchó risas en la habitación de su hijo, quedando muy sorprendida al entrar en ella, al verle subido encima de un gran armario ropero junto a su hermano pequeño. Estupefacta, nunca logró saber cómo se podía haber subido allí y más aún, como pudo hacerlo cargado con su hermano. Tras cumplir los ocho años, tuvo varias bilocaciones, siendo visto por vecinos y personas allegadas a la familia, en distintos sitios a la vez.
Una de esas bilocaciones tuvo lugar una mañana mientras asistía a la escuela: una antigua vecina le vio en Beniajan –un pueblo a seis Kms de Murcia-manteniendo con él una conversación por espacio de media hora. Cuando la mujer volvió a la ciudad se encontró con el padre de Pedro, contándole lo ocurrido; este volvió a su casa muy disgustado y dispuesto a castigarlo, ya que pensaba que su hijo no había asistido a la escuela, haciendo “novillos”. Pero cuál fue su sorpresa, cuando el profesor le aseguró que su hijo no había faltado a clase esa Mañana.
Todo cuanto anunció referente a su vida se fue cumpliendo fielmente al paso de los años: su matrimonio, los hijos que tendría, que viviría unos años en Madrid. Pero el culmen fue la constitución de la “casa grande” -ya lo anunciaba a la edad de tres años- donde viviría junto a muchas personas que compartirían sus ideales por el Espiritismo.
Las mayores pruebas y dificultades que tuvo que superar templaron su carácter, adquiriendo la madurez necesaria para el desarrollo y consolidación de su mediumnidad; pues lo mismo que contó siempre con la ayuda de los Mentores que le protegieron, el mal también se valía de su inexperiencia, tratando por todos los medios de truncar el despertar de su trabajo en el bien, pues nunca contó con la ayuda de nadie, ni de un maestro que le guiara y le apoyara en aquellos difíciles años de miedo e incredulidad, donde su propia familia pensaba que estaba “endemoniado”.
Trabajó de cocinero en el Sanatorio Psiquiátrico murciano del Dr. D. Luís Valenciano –cercano al estadio de la vieja Condomina, hoy desaparecido- en el centro de Murcia y, en la Clínica Psiquiátrica Murcia del Dr. D. Raimundo Muñoz en El Palmar, – paraje de La Paloma- Murcia. Su contacto con estos enfermos potenció sus sentimientos de amor hacia su prójimo, ensanchado mucho más su corazón, en consolar las penas y lágrimas de aquellos que la propia vida les reclamaba unas duras cuentas del pasado. Otros, poseedores de una mediumnidad desconocida, la ignorancia de la propia familia y una sociedad ajena y sorda a los comunicados del Mundo Espiritual, les había relegado por tarados y dementes en los sanatorios.
A primeros de la década de los setenta, cuando conoció a Antonio Hernández Lozano, surgiendo de su amistad un férreo compromiso de trabajo y entrega; pues a partir de entonces, compartirían una vida dedicada a la divulgación del auténtico Espiritismo, en un país donde la gente aún tenía miedo y se ocultaba, entre otras razones por el régimen dictatorial de Franco.
En la madurez de su vida, el Hermano Pedro se entregó a la práctica de la sanación usando terapias naturales. Asesorado en todo momento por Seres Espirituales que, a través de su mediumnidad, canalizaban su fuerza curativa hacia las personas que acudían a visitarles, dándoles el tratamiento adecuado: por imposición de manos o pases energéticos, para la limpieza de sus auras, también con agua fluidificada que un Mentor preparaba durante los trances –incorporado en él- extendiendo sus manos hacia un cubo o balde de agua, a una distancia de unos dos metros, y esta, cambiaba su sabor normal o a cloro, por otro muy dulce. Y, por supuesto, el amor y el consuelo que destilaba de sus bondadosas y sabias palabras.
Trató a cientos de enfermos, obteniendo -muchísimas veces- resultados asombrosos. Simplemente con tener ante sí a la persona era capaz de conocer su estado anímico, diagnosticar su enfermedad y darle con acierto el tratamiento adecuado. Tuvo casos muy difíciles en muchas personas: obsesadas y manipuladas por algún ente bajo-astralino, a las que ayudaba –como se decía en tiempos de los Apóstoles: “echando el demonio del cuerpo”, depresiones, o en casos físicos graves, donde los pacientes se restablecieron por completo: leucemia, púrpura al riñón, soriasis, un cáncer de mandíbula, cólicos nefríticos, cirrosis hepática, etc., que respondieron a simples tratamientos naturales y algún que otro consejo oportuno.
Muchos de esos casos que llegaron a la opinión pública fueron tildados de “milagros” siendo investigados por cualificados médicos y especialistas. Lo cierto es que el “milagro” lo constituía el mismo en sí, por su gran carisma, por su sacrificio y amor por los demás, por su testimonio de humildad, por no tener horas en su entrega, haciendo llegar a todos, la esperanza de una vida mejor en espíritu y en luz; por no saber decir a nadie que no -aún en perjuicio de su propia persona- cuando se trataba de ayudar a cualquiera. Por eso, las personas que le conocieron, ante su presencia, se rendían a la evidencia de su amor y comprensión. Cuantas veces escuchamos decir: “Hermano Pedro, solo con verle y oírle se me quita todo”.
Sus prácticas se extendieron no solo en la región de Murcia, sino por gran parte de la geografía española: Madrid, Ávila, Extremadura, Barcelona, Santander, Andalucía, incluso en varios puntos de Portugal. Hasta que llegó el momento de que compromisos espirituales más importantes requerían de toda su atención y tuvo que dejar el trabajo. Al mismo tiempo se entregaba sin descanso –en cada oportunidad que se presentaba- a prestar su materia para la celebración de sesiones mediúmnicas, en ocasiones multitudinarias, y que fueron un hermoso testimonio de la realidad espiritual -de su mensaje de amor y enseñanza-, para infinidad de personas que asistieron a esos actos.
Durante una larga temporada su materia también sufrió las estigmatizaciones en múltiples ocasiones: en los pies, en la frente, pero sobre todo en la zona de la espalda que, a modos de latigazos, se inflamaban y sangraban. Las estigmatizaciones le duraban dos o tres días y después, no quedaba señal alguna de que tal hecho hubiese acontecido, hasta que llegaba la próxima ocasión. Fue estudiado por parapsicólogos y médicos, sorprendidos ante el fenómeno.
Otra de las cosas que sucedía muy a menudo durante las sesiones era la materialización de objetos (aportes) de distinta índole: crucifijos de madera y de metal, bolas de cristal, pétalos de rosa, jazmines y otras flores, ramitas de higuera o de pino, trocitos de papel con la firma de Teresa de Jesús, etc., entre otros objetos más. Estos fenómenos los utilizaban los Seres Espirituales como testimonio y prueba de su existencia, así como de su presencia durante las sesiones espiritistas.
Puesto a prueba miles de veces por el mundo confortable y rico de la sociedad, con la pretensión de acapararlo para sí, supo estar siempre en su sitio, teniendo presente con suma claridad, el “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios”.
Como a cada maestro, fueron apareciendo sus apóstoles y discípulos. Sin un lugar fijo donde reunirse para realizar las sesiones, estas, se celebraban en casas de personas que, por su asiduidad, consiguió entre ellos reunirlos –con esfuerzo y sacrificio- haciendo de sus vidas en común, un primer y numeroso grupo estable, que sería el embrión de su gran sueño y que poco después se convertiría en una hermosa realidad: La Comunidad Espírita Cristiana del Hermano Pedro “El Gran Corazón”. El acariciado proyecto que, por indicación de los Seres Espirituales, fue siempre el objetivo final de su gran trabajo: “la casa grande” que él mismo predijera con tan solo tres años de edad.
El Hermano Pedro inició una nueva etapa en el Espiritismo que ya pronosticara Allan Kardec en el siglo XIX, cuando decía que. tras la fase de la filosofía y la moral, vendría la de la transformación de la humanidad. El Espiritismo Cristiano se presenta así, no ya como una ciencia o una filosofía, sino como la Religión Universal. La fenomenología espírita trasciende hasta producir un nuevo concepto de Dios, aclarando los puntos oscuros de la obra de Jesús, colocando al Maestro de Nazaret como gran impulsor del “Consolador Prometido” y la tarea espiritual de la renovación de la humanidad, no relegándolo a una figura histórica del pasado, sino a un ser cuyo Espíritu –pleno de la Luz de Dios- continúa al frente de su labor: la regeneración del Planeta Tierra.
Solo con un grupo de personas profundamente comprometidas en el trabajo personal de maduración y auto- perfección, se puede obtener una afinidad que permita a la mediumnidad contactar con entidades espirituales elevadas que, con sus palabras y enseñanza, renueven las fuerzas y los compromisos -constantemente-, en estos momentos que estamos viviendo, en los que la sociedad hace tan difícil cualquier esfuerzo en el ámbito de la espiritualidad, por las normas que esta impone.
También seres de mediana y baja evolución -aportaron en muchas tardes- sus testimonios de dolor, de angustia, de búsqueda y esfuerzo recompensado, en la ayuda que se les prestó a través de su mediumnidad, para que se desligaran de todos los lastres que los mantenían aferrados al mundo y se elevaran a las regiones de la Luz de Dios. En ellos, podíamos observar las consecuencias de nuestros propios actos, de nuestra vida, y aprender de sus errores, comprender sus sufrimientos para no equivocarse y evitar así errar en lo mismo.
Por su gran y consolidada mediumnidad, fue capaz de hacer sentir a los Mentores como en su “casa”, cada vez que se acercaban o acoplaban a él para dar testimonio de sus mensajes.
De esa forma, entidades como: Francisco de Asís, Teresa de Jesús, Cristóbal, Junípero Serra, Narciso, Leopoldo de Alpandeire, Cayetano, Fray Luís de Granada, Constantino, Ramatís, Allan Kardec, Mahatma Gandhi, Omraam Mikhaël Ahïvanhov, entre muchísimos otros (algunos de ellos en la actualidad reencarnados), encabezados por el propio Jesús, apoyaron y fortalecieron –en su entrega- la expansión de su misión y de su obra.
Fueron extraordinarias lecciones de enseñanza, que nos encauzaron hacia el camino marcado por Jesús, haciéndonos conocer la autenticidad de la Verdad Una, y a vivir y sentir, bajo las Leyes del Padre, promulgadas y establecidas en el Cosmos para le evolución y progreso de sus hijos.
En muchísimas ocasiones, durante los trances mediúmnicos, mientras se comunicaba a través de él el Espíritu del Maestro, su cuerpo era levantado de la silla en la que se encontraba sentado y, tras pasear por todo el salón para dirigirse a los hermanos asistentes, levitaba elevándose del suelo, rebasando su cabeza la lámpara que pendía del techo. Así, como los estiramientos que sufría su cuerpo y que eran apreciados por todos los asistentes.
El poseer esta gran facultad nunca le hizo considerarse un ser especial al que había que admirar, más bien todo lo contrario, nunca hacía demostración de ello, ni siquiera entre sus más allegados, pues siempre creyó en la humildad -como un valor a cultivar- que eleva al ser humano delante de Dios.
Sencillo y humilde, amó la naturaleza toda, haciendo de los animales que le rodeaban una prolongación de su auténtica familia. Tierno y cariñoso ante el sufrimiento ajeno, pero un auténtico gigante para defender su obra y su Comunidad, denunciando la falsía de los embaucadores de las sombras y sus acólitos.
Consciente de que era el momento adecuado, el Hermano Pedro, extendió y divulgó sus conocimientos en toda la sociedad y, aunque nunca tuvo una formación académica, fue sin embargo un gran comunicador por el carisma que emanaba de su persona; exponiendo los conceptos de forma sencilla para que fuesen comprensibles por todos los asistentes a sus actos. Siempre fue su deseo imitar al Maestro Jesús con su humildad y sencillez -para llegar a todos-, más que con una bella oratoria, con un gran amor sentido.
Fueron muchas las charlas y conferencias impartidas en distintos puntos del país. Invitado por la periodista Sandra González, participó en Adivinart I Salón de la Videncia y las Artes Adivinatorias (conocido después como: Foro Internacional de las Ciencias Ocultas y Espirituales), celebrado en el Mercado Puerta de Toledo de Madrid, desde el 17 al 25 de marzo de 1990. También fue invitado como ponente en el primer Simposio de Ciencias Paranormales en Valdepeñas, celebrado los días 26 y 27 de octubre de 1991. Tras la conferencia, se realizó una sesión mediúmnica ante todo el público asistente que llenaba la sala. Además de numerosos requerimientos de los medios de comunicación: en radio, televisión, prensa escrita, lo hicieron muy conocido en nuestro país. Para él era una buena oportunidad para llegar a más gente que, de un modo o de otro, necesitaban conocer la realidad trascendente de su propio espíritu, no buscando un afán de proselitismo, sino de hacer llegar la luz del conocimiento que aportara un bien a la vida de muchas personas.
Así, entre otros, participó en programas de emisoras de radio como: “Por la mañana” de Radio Mataró”, “Para esotérico” de Radio España, “La Ser” de radio Murcia de la Cadena Ser, “Veintitrés punto cero” de Radio Popular de Murcia, “El último peldaño” de Onda Regional de Murcia, “Temas de media noche” de Radio Juventud de Cartagena, emisora de Radio Cadena Española, “Viaje por lo desconocido” de la Voz del Segura (Molina-Murcia), “Tiempo de parapsicología” de Radio Amanecer de Alcalá de Henares (Madrid). “A pleno Sur” de Canal Sur (Andalucía), “Entre dos realidades” de Onda Cero (Madrid) y “Espacio en Blanco” de Radio Nacional 5, presentado por Miguel Blanco.
También intervino en programas de televisión como: “El Mundo por Montera” (TVE) presentado por Fernando Sánchez Dragó, “Esta es su casa” (TVE) presentado por Teresa Campos, “Madrid mágico” (Tele Madrid) presentado por Enrique de Vicente, “Murcia a las dos” (TVE) presentado por Ana Radigales, “TeleMursica” de la misma cadena, donde se emitió una sesión en directo en colaboración con Miguel Blanco. “Remedios Esotéricos” (TVE) “Pasaje a lo desconocido” (Telesol – Almería) presentado por José Luís Molina, “La Sacerdotisa” (Telecable de Totana – Murcia), entre otros.
En la prensa apareció en periódicos como: “La Verdad” de Murcia, “La Voz de Almería”, “El Periódico” de San Javier, “ABC” Dominical. En revistas como “Diez Minutos” y “Más Allá de la Ciencia”. En esta última -en más de una ocasión en su primera etapa- cuando fue dirigida por Fernando Jiménez del Oso y José Antonio Campoy. Quedando constancia de su persona en los libros “Curanderos – Viaje hacia el milagro” de Pepe Rodríguez y en la “Guía Mágica de Madrid de Ángel García y Enrique de Vicente. Fue en San Javier (Murcia-España) donde se estableció la primera sede de la Comunidad –como asociación no lucrativa- reconocidos sus Estatutos y representación social, bajo el nombre –indicado por los Mentores- Comunidad Espírita Cristiana del Hermano Pedro “El Gran Corazón”. A partir de entonces se organizaron actividades semanales y se comenzó a celebrar –cada domingo- un culto a Dios. En el que, tras una exposición de un tema de conocimiento espiritual, se reflexionaba sobre el mismo, después se hacía una oración meditación, preparando a los asistentes para la sesión mediúmnica.
Si en algún momento se sentía desfallecer por enfermedad –producida por el dolor de los ingratos- al mínimo aliento de recuperación, volvía al trabajo con más fuerza que nunca y, a veces, con un poco de inquietud, al ver que escapaba el tiempo y no terminaba lo emprendido. Pero siempre recibía el consuelo y apoyo de quien –durante muchos años- fue timón de la nave de su obra: Teresa de Jesús. Así, fortalecido de nuevo, se entregaba en su defensa sin descanso, para levantar la bandera del Espiritismo Cristiano hasta cimas insospechadas. Por eso le compensaron con esas vivencias maravillosas en los Planos del Astral, donde nos hizo compartir la grandeza del auténtico Reino de Dios, donde la luz se hizo más intensa en nuestro espíritu, ante la esperanza sin fin de la Eternidad del Padre.
Los Hermanos Espirituales le indicaron la confección de una revista –tarea que recayó sobre Antonio Hernández Lozano- que pronto daría sus frutos, pues fue el medio ideal para dar a conocer todo el contenido de enseñanza que se recibía en la Comunidad, creando un vínculo continuo entre asociaciones y personas, extendiéndose incluso fuera del país. La sencilla Revista “El Gran Corazón” era querida y apreciada por todos aquellos que comprendían la labor y la entrega desinteresada de unos hombres y mujeres que, junto a la sabia Luz del Astral, hacían efectivo cada mes a través de sus páginas, el amor y el consuelo para todos sus hermanos.
En el mes de julio de 1990, la sede de la Comunidad Espírita Cristiana del Hermano Pedro “El Gran Corazón” se trasladó definitivamente al Valle del Sol, conviviendo bajo su techo veinticinco personas, además de los que, siendo miembros activos de la misma, aunque vivían fuera de ella, participaban en todos sus actos. Fruto de todos los integrantes de la misma que se sintieron responsables de la importancia que estamos viviendo –a nivel espiritual- en estos difíciles tiempos, como parte integral de la Gran Familia Universal.
El Hermano Pedro compaginaba las apariciones públicas con su trabajo espiritual, fruto del cual, resultaron toda una serie de ejercicios de meditación y la programación de nuevas actividades dentro de “El Gran Corazón”, como lo fuera la institución de las “Convivencias Fraternas”, para mostrar a cuantas personas estuviesen interesadas, de qué forma se vivía el Espiritismo Cristiano.
La Comunidad encarnaba el ideal de convivir en fraternidad, alejada de los formalismos sociales, como una escuela avanzada en el tiempo, de lo que sería en un futuro la forma de vida de toda la humanidad, tras la regeneración planetaria. Dentro de sus múltiples trabajos, realizó un Curso de Conocimiento Espiritual que fue impartido entre todos los miembros de la Comunidad.
Dedicando parte de su tiempo en la preparación y desarrollo de las jóvenes mediumnidades, a través de ejercicios espirituales y desarrollo mental, haciendo hincapié en asentar la propia personalidad de cada uno, dentro de la madurez que da asumir la responsabilidad que como individuos -dentro de una sociedad-, tenían con ellos mismos y con los demás, proporcionándoles unos cimientos estables donde asentar el edificio de la mediumnidad y de toda su labor espiritual.
También realizó una serie de ejercicios espirituales que fueron grabados en cintas de casete –sin preparación previa- sino recitados con un gran sentimiento de amor, fruto de la gran conexión que le daba su sensibilidad con sus Mentores Espirituales. Muchos fueron los proyectos que no pudo realizar, pues a raíz de una afección cardiaca -que arrastraba desde años atrás- esta se agravó en una enfermedad que, tras unos meses, incapaz de seguir siendo el vehículo manifestador del gran potencial que guardaba su espíritu, le hizo desencarnar el 20 de abril de 1993.
Fue amado y odiado, como toda persona con un carisma extraordinario. Él solo quería –como pidió en su última voluntad- que se le recordase como una persona que intentó vivir y enseñar a que los seres humanos se amaran entre sí, sin olvidar que por encima de todo está Dios, nuestro Padre.
Considerado siempre por sus hermanos de Comunidad, como el Maestro capaz de dar hasta su último aliento a favor del Espiritismo Cristiano. Fue amigo entrañable en las dificultades y en las alegrías, el padre recto y tierno, que legó una rica herencia de Conocimiento Espiritual. Un legado, no solo para los miembros de su Comunidad, sino para las generaciones futuras de la Tierra, sin distinción de credos ni razas, pues su lema fueron siempre las palabras de Jesús: “Solo por el amor será salvo el hombre”.
El Hermano Pedro es la ultima, hasta el momento, reencarnación de Juan el Bautista.
Para los que tuvimos la suerte de compartir parte de nuestra vida con él, siempre guardaremos la dicha de haber conocido la belleza que se escondía detrás de un ser humano, con una extraordinaria capacidad de amar. Vayan estas palabras, como un sentido y merecido homenaje a su recuerdo.
Antonio Hernández Lozano