Papel del Periespíritu en las enfermedades

En los envoltorios sutiles, reside la verdadera causa de las enfermedades. Somos herederos de nuestras acciones pasadas, tanto buenas como malas. El Karma o “cuenta del destino creada por nosotros mismos” está impreso en el cuerpo causal. Esos registros fluyen hacia los demás cuerpos y terminan determinando el equilibrio o el desequilibrio de los campos vitales y físicos.
No todos los desequilibrios físicos, sin embargo, son originarios de cuentas kármicas (pasadas); aunque reflejen el estado espiritual del individuo, son generados por su conducta actual. Los vicios de la mente, conocidos como egoísmo, orgullo, vanidad, tiranía, pereza, etc., son causas de múltiples dolencias, porque constituyen el móvil de nuestras acciones.
El Benefactor Espiritual Clarencio resalta:
“Cuando nuestra mente, por actos contrarios a la Ley Divina, perjudica la armonía de cualquiera de esos soportes de fuerza de nuestra alma, naturalmente se esclaviza a los efectos de la acción desequilibrante, obligándose al trabajo de reajuste. Tal sea el vicio del pensamiento, tal será la desarmonía en el centro de fuerza, que reacciona en nuestro cuerpo a esa o aquella clase de influjos mentales”.
Según los Instructores Espirituales, hay dos dolencias que pueden acometer al periespíritu y que están en la base de muchas patologías psicofísicas:
– La Adinamia es la hipotensión en el movimiento circulatorio de las fuerzas que mantienen el cuerpo espiritual; resulta del remordimiento.
– La Hiperdinamia es el estado de hipertensión en el movimiento circulatorio de fuerzas; resulta de los delirios de la imaginación. Existen muchas otras, pero, para nosotros, aún es un campo prácticamente desconocido.
Cuando sean descubiertas las tecnologías que nos posibilitarán el examen profundo de los envoltorios sutiles y de los chacras, la Medicina cambiará radicalmente, porque trabajaremos mucho más de forma preventiva, evitándose, así, las intervenciones quirúrgicas alargadas, muy invasoras, que son realizadas en el presente, aun los grandes progresos ya alcanzados en esa área. Los médicos tendrán la oportunidad de conocer, con detalles, la fisiología transdimensional, comprendiendo mejor el modo como se mezclan los varios envoltorios, para auxiliar mejor en la manutención de la higiene mento-física de sus pacientes.
Vamos a dar algunos ejemplos prácticos, correlacionando dolencias congénitas o de la primera infancia con la desarmonía de los cuerpos sutiles: Conforme vimos hay ejemplos prácticos que correlacionan dolencias congénitas o de la primera infancia con la desarmonía de los cuerpos sutiles.
Prácticamente todas las molestias tienen sus raíces en el periespíritu. Aún que esté aparentemente saludable, una persona puede traer, en sus Centro de Fuerza o Chacras, disfunciones latentes, adquiridas en esta o en otras vidas, que, más tarde o más temprano, surgirán a la superficie en el cuerpo físico, bajo la forma de dolencias más o menos graves, conforme la extensión de la lesión y la posición mental del deudor.
El Profesor Ian Stevenson, de la Universidad de Virginia, EUA, presenta en dos volúmenes del libro Reincarnation and Biology, entre los 2.600 casos investigados, los de las marcas de nacimiento y defectos congénitos, elucidándolos con el estudio de las vidas pasadas.
Para comprender mejor el porqué de las dolencias y del sufrimiento humano, busquemos las lecciones del Instructor Clarencio:
“Las molestias conocidas en el mundo y otras que aún escapan al diagnostico humano, persistirán por mucho tiempo en las esferas torturadas del alma, conduciéndonos al reajuste. El dolor es el gran y bendito remedio. Nos reeduca la actividad mental, reestructurando las piezas de nuestra instrumentación y puliendo los envoltorios anímicos de que se vale nuestra inteligencia para desarrollarse en la jornada hacia la vida eterna. Después del poder de Dios, es la única fuerza capaz de alterar el rumbo de nuestros pensamientos, compeliéndonos a indispensables modificaciones, con vistas al Plano Divino, a nuestro respecto, y de cuya ejecución no podemos huir sin graves perjuicios para nosotros mismos”.
Modificaciones normales y patológicas
El Periespíritu, gracias a las innumerables propiedades de su estructura electromagnética, está sujeto a pequeñas o intensas modificaciones, que llevan a cambios en su forma de presentación. Es preciso distinguir las que son normales o fisiológicas y otras, que son patológicas, resultantes de enfermedades del alma.
Como ejemplo de modificaciones fisiológicas, tenemos la miniaturización o reducción automática del tamaño a la forma de bebé, un fenómeno fisiológico, natural, que ocurre hace millares de años, con todos los Espíritus, en el proceso reencarnatorio.
En la desencarnación, también hay cambios considerados fisiológicos, como histogénesis (formación de nuevos tejidos) e histólisis (destrucción de tejidos), durante el proceso de separación del alma del cuerpo, que tiene como objetivo la adaptación del periespíritu a sus nuevas funciones en el plano espiritual.
Patologías del Periespíritu
El periespíritu puede presentar deformaciones y otros cambios más radicales en la forma, como las zoantropías, presentación en forma de animal, y ovoidización, dada a sus propiedades de plasticidad, densidad, etc. No podemos olvidarnos de que es una estructura magnética, extremadamente plástica y porosa, y muy susceptible a la influencia mental del Espíritu.
Deformaciones y Zoantropía
En el libro Liberación , se observa un caso de deformación periespiritual en una señora encarnada, que hace su siesta en un diván de su casa. Abandonando el cuerpo físico, bajo el efecto del sueño, su periespíritu deja trasparecer su condición espiritual inferior. La señora se convertía irreconocible. Estampaba en el rostro las señales de las brujas de los viejos cuentos infantiles: la boca, los ojos, la nariz y los oídos revelaban algo monstruoso, en pleno contraste con su apariencia física, que presentaba trazos de belleza y altivez en el vestir.
Al verla, André Luiz se acordó del libro del Oscar Wilde, El Retrato de Dorian Gray. En él, a medida que el dueño se alteraba, íntimamente, con la práctica del mal, el retrato adquiría una horrenda expresión.
De hecho, aprendemos con este caso que la imaginación de Wilde no fantaseó. El hombre y la mujer, con sus pensamientos, actitudes, palabras y actos, crean, en lo íntimo, la verdadera forma espiritual de que se revisten. “Cada crimen, cada caída, dejan deformidades y surcos horrendos en el campo del alma, así como cada acción generosa y cada pensamiento superior añaden belleza y perfección a la forma periespirítica, dentro de la cual la individualidad real se manifiesta, normalmente después de la muerte del cuerpo denso. Hay criaturas bellas y admirables en la carne y que, en el fondo, son verdaderos monstruos mentales, del mismo modo que hay cuerpos torturados y detestados, en el mundo, escondiendo Espíritus angélicos, de celestial hermosura”.
El periespíritu puede sufrir, aún, alteraciones más profundas, dejando su forma humana, para presentarse como la de un animal. Es el fenómeno conocido, genéricamente, como Zoantropía, pero que tiene en la Licantropía – transformación en lobo – el proceso más conocido.
Parásitos ovoides
Los Espíritus pueden perder la forma humana de presentación de su periespíritu, surgiendo como esferas ovoides. Estas son poco mayores que un cráneo humano, variando mucho en las particularidades; algunas tienen movimiento propio, como si fuesen grandes amebas, otros parecen en reposo, aparentemente inertes, ligados al halo vital de otras entidades.
En Evolución en Dos Mundos, André Luiz explica que, innumerables desencarnados, poseídos por la idea de hacer justicia con las propias manos o apegados a vicios viles, por repetir, infinitamente, esas imágenes degradantes, acaban en deplorable fijación monoideística, fuera de las nociones de espacio y tiempo, sufriendo, entonces, enormes transformaciones en la morfología del periespíritu. Por falta de función, los órganos de ese cuerpo sutil quedan retirados, surgiendo, entonces, la forma ovoide.
¿Cuál es la situación psíquica de esos ovoides? La mayoría de ellos duermen en extrañas pesadillas, incapaces de exteriorizaciones mayores. Son, en verdad, “fetos o amebas mentales, movilizables, con todo, por entidades perversas o rebeladas”.
¿Cómo quedan en la reencarnación? Así como la simiente tirada a la cueva oscura formará el árbol adulto, los ovoides se desarrollarán, normalmente, como embriones y fetos humanos, formando el nuevo cuerpo de carne, en compañía de socios desechos, disfrutando de la bendita oportunidad de acertar ante la ley universal del amor.