Mundos Inferiores

Hay mundos, considerados inferiores, donde los habitantes viven en estado primitivo, con nociones rudimentarias, sus habitantes están en la condición de razas salvajes; la sensación existente es de supervivencia y lucha diaria por la preservación de la vida y el alimento. En estos mundos inferiores no existe la noción de justicia, solidaridad, coexistencia, fraternidad, belleza, armonía y equilibrio. Los seres que habitan este mundo se encuentran en un estadio primigenio de animalidad, donde la fuerza bruta es la ley. Carentes de conocimiento, tienen hábitos primitivos y rudimentarios, y visten la forma humana sin belleza. Están dominados por las tentaciones materiales. En los mundos inferiores, la existencia es toda material, las pasiones reinan supremas, la vida moral es casi inexistente y los seres son física y moralmente inferiores.
Los diferentes mundos que existen nos permiten avanzar a un nivel diferente. La reencarnación permite al espíritu aprender y mejorar hasta alcanzar la evolución para la que fue creado. Es a través de innumerables encarnaciones que mejoramos nuestra moral, nuestros conocimientos, practicando, aprendiendo, creciendo y así evolucionando. Los Espíritus pasan por innumerables existencias en diferentes mundos, de acuerdo con su nivel de evolución. Cada encarnación es enviada a un mundo compatible con su formación moral e intelectual. Los Espíritus que encarnan en un mundo no están ligados a él indefinidamente, ni pasan por todas las etapas de su progreso. Cuando en un mundo alcanzan el nivel de avance que ese mundo supone, pasan a otro mundo más avanzado en el mismo nivel y sintonía en que se encuentran.
Cada mundo ofrece a quienes lo habitan condiciones adecuadas para la vida planetaria, y las necesidades vitales son diferentes de un planeta a otro. La evolución de cada ser es una revolución particular, hay que tener la conciencia y la actitud para reconocer lo que hay que cambiar, hay que reaprender y resignificarse para evolucionar. El tiempo es individual para cada ser, somos seres singulares y con cada encarnación tenemos un nuevo ciclo de relaciones, un nuevo contexto social y cultural. No sabemos dónde nos hemos equivocado miles de veces, no sabemos dónde hemos caído y acertado… El crecimiento personal es un proceso infinitamente repetitivo. Cada cambio en el ciclo evolutivo conlleva profundos cambios materiales y espirituales.
Los seres humanos abandonan los mundos inferiores por otros más felices a medida que se curan de sus dolencias morales. Es una recompensa pasar de un mundo inferior a un mundo de orden superior, del mismo modo que es un castigo prolongar su estancia en un mundo infeliz o ser relegado a mundos inferiores donde experimentará pruebas más duras. El espíritu vive allí donde coloca sus pensamientos y acciones. De vez en cuando, la humanidad alcanza un momento de purificación, al que precede una purga planetaria. Los espíritus que no sean capaces de cambiar su moral y su intelecto serán relegados a mundos inferiores.
El mayor obstáculo para el crecimiento personal es pretender saber algo; es nuestro desarrollo personal el que determina nuestros logros evolutivos. Intensificamos lo que cultivamos, nuestros valores guían nuestras decisiones y somos responsables de dónde estamos ahora, porque la vida es fruto de nuestras elecciones. Cuando crecemos individualmente, ayudamos a prosperar a todo lo que nos rodea, contribuimos a la evolución colectiva. Propagamos lo que somos. Sin aceptar la realidad, no podemos evolucionar. En nuestro proceso de crecimiento, debemos tomar decisiones conscientes sobre el tipo de persona en que queremos convertirnos y actuar con este propósito en mente.
El Universo es nuestro hogar y el amor debe ser el camino elegido. Sólo el amor sobrevive al tiempo, el amor es capaz de cambiar la vida de las personas. El amor es energía constructiva, pauta de mejora, beneficio colectivo y claridad existencial. Con amor, el ser material deja espacio a lo espiritual.
Avancemos con mucha energía positiva, buscando basar nuestras actitudes en el amor.