Los límites de la encarnación

¿Cuáles son los límites de la encarnación? Cuando hablamos de la envoltura que forma el cuerpo del espíritu, la encarnación no tiene límites exactamente definidos, pues la materialidad de esta envoltura disminuye a medida que el espíritu se purifica.
En algunos mundos más avanzados que la Tierra, este cuerpo es menos compacto, menos pesado y menos denso y, por lo tanto, está menos sujeto a las vicisitudes. En un nivel superior, es permeable y casi fluido. De nivel en nivel se desmaterializa y finalmente se funde con el periespíritu.
Según el mundo en el que tenga que vivir, el espíritu adopta la envoltura que corresponde a la naturaleza de este mundo. El periespíritu también experimenta una transformación gradual. Se vuelve cada vez más etéreo hasta alcanzar la completa pureza que caracteriza a los espíritus puros.
Aunque existan mundos especiales destinados a la residencia de espíritus muy desarrollados, no están sujetos a ellos, como ocurre en los mundos inferiores. El estado de desprendimiento en que se encuentran les permite ir adonde les llamen las tareas que les han sido confiadas.
Si consideramos la encarnación desde el punto de vista material, tal como tiene lugar en la Tierra, podemos decir que se limita a los mundos inferiores. Corresponde, pues, al espíritu liberarse de ella más o menos rápidamente mediante el trabajo de purificación.
También hay que tener en cuenta que en el estado errante, es decir, en el intervalo de las existencias corpóreas, la situación del espíritu está relacionada con la naturaleza del mundo al que le ata su grado de progreso. Así, en la impermanencia, el espíritu es más o menos feliz, libre e iluminado, según esté más o menos desmaterializado.