La síntesis del proceso evolutivo

El espíritu en evolución y rescate, es situado en el aula adecuada donde es sometido a una convivencia ilimitada de donde sólo saldrá cuando cumpla los respectivos rescates y asimile las lecciones que en el están contenidas. Mientras más rápido aprenden las lecciones que las circunstancias le proponen y cumple los rescates necesarios, más rápido podrá emigrar para una u otra aula n búsqueda de nuevos aprendizaje. En ese contexto, el espíritu es colocado en el lugar correcto, junto a las personas correctas y en la hora correcta, donde participará de acontecimientos individuales y colectivos, ajustados a sus necesidades de expiación y de prueba.
A cada ciclo evolutivo, en el transcurrir de los siglos y de los milenios, cada una de esas aulas ofreció a los espíritus reencarnados, un tipo específico de aprendizaje, calcado en la cultura y en las costumbres predominantes de cada región y de cada época. Es en esa transmigración regional que los espíritus evolucionaron y evolucionan en la Tierra, viviendo valiosas oportunidades.
En el mundo espiritual, los espíritus afines son atraídos para los planos vibratorios a los cuáles se ajustan. En el plano físico eso ocurre a través de las fronteras, por eso, en la fase evolutiva es donde nos situamos, donde no existe una homogeneidad de sentimientos, las fronteras aún son necesarias para aglutinar las masas de espíritus afines. La Tierra, aunque haya sido la madre pródiga y generosa soportando las agresiones de cada generación de sus habitantes, en este final de siglo, con la entrada del tercer milenio, todo indica que deberá completar su ciclo evolutivo en la condición de planeta de expiación y de prueba, entrando en un nuevo ciclo evolutivo, al cual se refirió Jesús al profetizar a los apóstoles en el mundo espiritual, consecuentemente, la reorganización universal de la humanidad tendrá que ser efectiva a través de grandes emigraciones. La selección natural de los espíritus, a la cual Jesús también se refirió, viene operándose a través del tiempo y de las leyes de causa y efecto, reuniendo dentro de las fronteras territoriales las masas homogéneas, colocándolas en los lugares estratégicos, donde los acontecimientos futuros, facilitarán las emigraciones.
En la Revista Espírita, editada por Kardec el mes de octubre de 1866, publicó bajo el título: “Las instrucciones de los espíritus sobre la regeneración de la humanidad”, las informaciones que fueron recibidas en abril del mismo año, a través del sonambulismo, por los médiums denominados como Srs.: M. y T., hablan de la reorganización de los espíritus, refiriéndose a la transformación moral de la humanidad:
”Cuando esa mejora fuera aislada e individual, pasará desapercibida y no tendrá influencia ostensiva en el mundo. El efecto será otro cuando fuera operada simultáneamente en grandes masas. Sin embargo, entonces, conforme las proporciones, en una generación las ideas de un pueblo o de una raza podrán ser profundamente modificadas. Es lo que se nota casi siempre después de los grandes temblores que diezman poblaciones. Los flagelos destructores sólo destruyen el cuerpo; pero no alcanzan al espíritu; activan el movimiento de va y viene entre el mundo corporal y el mundo espiritual y, en consecuencia del movimiento progresivo de los espíritus encarnados y desencarnados. Es en uno de esos movimientos generales que se opera en este momento, y que debe determinar la reorganización de la humanidad. La multiplicidad de las causas de destrucción es una señal característica de los tiempos, pues estos deben apresurar el surgimiento de los nuevos gérmenes…”
Los espíritus, al afirmar sobre la multiplicidad de las causas de destrucciones, ellos sabían que en el curso de algunas décadas más, el hombre iniciaría una carrera armamentista que culminaría en un inconmensurable poder de destrucción. Eso, sin contar los efectos de los desequilibrios morales que a través de los siglos plasmaron un virus astral que viene corporificándose en cada generación, culminando con enfermedades irreversibles que desafían la ciencia contemporánea. No es preciso ser un profeta o un adivino para saber como se desencadenará ese proceso. Con el conocimiento de las leyes de causa y efecto, basta hacer un análisis en el panorama que nos presenta las diversas escuelas y sus respectivas aulas y vamos a descubrir de dónde partirán las grandes masas reprobadas, y de qué forma. Antes de un análisis apresurado, debemos entender que el estatus evolutivo de las regiones y de los países que las componen, no puede ser medido sólo por el avance cultural, científico, tecnológico o económico, pero sí, y principalmente, por las actitudes, por los pensamientos y sentimientos que cultivan la mayoría de sus habitantes. En Asia, asistimos al predominio del fanatismo religioso y del despotismo, promoviendo la violencia y la muerte; en Europa y en América del Norte, bajo el amparo del egoísmo humano, tenemos el predominio del capitalismo salvaje que, en este final de siglo y de milenio, afectó a todos los continentes, diseminando el hambre y alimentando las guerras en el mundo. Ese es un cuadro parcial, pero el más grave de todos, cuyo final ya está plasmado en el éter en poderosos miasmas emanados de los pensamientos y de los sentimientos de esas colectividades. Según la ley de causa y efecto, esas regiones deberán experimentar lo amargo de la destrucción que vienen promoviendo, haciéndose víctimas de sí mismas.
El lector deberá estar preguntándose: ¿y aquellos que, aunque formando parte de esas colectividades, no participan de los sentimientos y pensamientos predominantes? ¿Sufrirán inocentes? ¡En la Tierra no existe nadie sufriendo inocentemente! Si algunos de los habitantes de esas regiones no estuviesen inscritos en ese cuadro de pruebas, con seguridad ya emigraron o emigrarán para el aula que les es por merecimiento. Sin embargo, debemos entender que algunos, aunque, en esta vida, no hayan participado de esos sentimientos colectivos, podrán estar allí para que rescaten débitos contraídos en otras existencias, deberán perecer, pero no serán excluidos del planeta. Todas las regiones de la Tierra, sufrirán la reorganización necesaria. No serán sólo las guerras que promoverán la limpieza de los espíritus que deberán partir para el mundo destinado a recibirlos. La naturaleza posee recursos aún no comprendidos por el hombre que, de cierta forma, contribuirá con el plan divino para esa emigración, sin violencia y de forma natural.
En Brasil se concentra una masa seleccionada de espíritus que componen la mayoría de su población encarnada, la cual, alcanzó un grado elevado de mansedumbre. ¡En vista de esa calidad predominante, surgirá como el gran benefactor de la humanidad! Trabajará arduamente para socorrer lo que restará del viejo mundo. Finalmente asumirá el papel de Corazón del Mundo y, más tarde, con la religiosidad esclarecida por el conocimiento de las leyes de causa y efecto y de la reencarnación, se consagrará definitivamente como la Patria del Evangelio.