Eurípedes Barsanulfo

Eurípides Barsanulfo nació en la ciudad de Sacramento (Minas Gerais) el 1 de mayo de 1880 y murió allí el 1 de noviembre de 1918.
Sus padres fueron Hermógenes Ernesto de Araújo y D. Jerônima Pereira de Almeida, ambos pobres en bienes materiales al principio, pero ricos en virtudes cristianas, que llenaban de alegría y paz su honrado hogar.
Apenas capaz de expresar sus nobles sentimientos, resultó ser un muchacho admirable por su inteligencia precoz y su dedicación al trabajo y al estudio.
Su juventud no fue despreocupada, como suele ocurrir con los afortunados. Muy joven, tuvo que enfrentarse a las visicitudes del hogar, promoviendo los medios para ayudarle.
Creció y vivió siempre al lado de sus padres, para quienes fue un verdadero apoyo. Trabajador y dócil, asistió a clases en el Colégio Miranda, establecimiento educativo dirigido por el hábil educador João Derwil de Miranda. En los albores de su vida, mostró una gran propensión a seguir la carrera de letras. Como estudiante, ayudaba a los profesores enseñando a sus compañeros, y tal era su afición por la enseñanza que se convirtió en el maestro de sus propios hermanos.
Deseoso de saberlo todo, Barsanulfo alcanzó en pocos años una sólida y exquisita formación. De la escuela pasó a la oficina comercial de su padre, donde trabajó como contable.
En enero de 1902, junto con sus antiguos profesores, el Dr. João Gomes Vieira de Melo, Inácio Martins de Melo y su colega José Martins Borges, con el apoyo de otras personas, fundó el Liceo Sacramento, instituto de enseñanza primaria y secundaria, donde ejerció la cátedra durante cinco años consecutivos, con rara brillantez, impartiendo todas las asignaturas cuando era necesario.
Paralelamente a la fundación del Liceo, se publicó la «Gazeta de Sacramento», periódico semanal que salía los domingos y del que fue redactor durante dos años. En este periódico, Barsanulfo se estrenó como periodista, escribiendo artículos sobre economía política, derecho público, métodos educativos, literatura, filosofía, etc. También colaboró fructífera y brillantemente con otros periódicos.
Gracias a su privilegiada inteligencia y a su propio esfuerzo, llegó a poseer tal cultura que sus biógrafos la consideran verdaderamente asombrosa. Tenía profundos y amplios conocimientos de medicina y derecho. Hablaba de astronomía, filosofía, matemáticas, ciencias físicas y naturales y literatura con la más extraordinaria seguridad, sin tener ningún título de enseñanza superior.
Su ardua labor como profesor, en la prensa y en la tribuna; la bondad de su corazón, siempre dispuesto a ayudar a los necesitados; sus palabras amables y consejeras; la probidad de su carácter: todo ello le convirtió en el ídolo de sus compatriotas. Estos últimos, deseosos de contar con él en la escena política local, lo eligieron concejal. Fue concejal durante seis años y dotó al municipio de Sacramento de electricidad, luz eléctrica y tranvías, agua corriente y un cementerio público tanto para Sacramento como para el pueblo de Conquista. Pero la política no era el clima al que aspiraba. Tras ejercerla, se retiró espontáneamente de ella.
Por entonces, Barsanulfo era un ferviente católico, presidente de la Conferencia de San Vicente de Paúl.
Espíritu libre, apto para las grandes oleadas de espiritualidad, su futuro abandono de la religión que había recibido en la cuna era fatal.
Así que un día, enterado de las sorprendentes curaciones realizadas en el campo del espiritismo, decidió averiguar qué había de verdad en esos informes. Como sus parientes de Sta. María predicaban y practicaban el espiritismo en el Centro Espiritista Fe y Amor, muy conocido en la ciudad y uno de los más antiguos de la región, Barsanulfo se dirigió allí para investigar los hechos por sí mismo.
Observando fenómenos de tipología, comunicaciones altamente filosóficas y curaciones maravillosas en diversas sesiones, las estudió detenidamente y, de regreso a su patria, trajo consigo las obras de Kardec, que finalmente lo llevaron a convertirse al Espiritismo en 1905. A partir de entonces, se convirtió en el mayor propagandista de aquella región de Minas Gerais, sobre todo con el ejemplo. El edificio que Eurípides erigió en Sacramento es uno de esos monumentos grandiosos e imperecederos que atestiguan su fortaleza moral y la fuerza de su fe luminosa.
Durante doce años y siete meses fue presidente del Grupo Espírita «Esperanza y Caridad», que él mismo fundó. El 2 de abril de 1907, se fundó el magnífico y amplio Colegio «Allan Kardec» como rama de este grupo.
Este importante establecimiento funcionó bajo su competente dirección durante todo el tiempo que vivió aquí en la Tierra, dejándolo sólo ocho días antes de desencarnar. Miles de pobres y huérfanos de ambos sexos recibieron allí instrucción intelectual y moral gratuita, obra continuada por los hermanos del difunto Eurípides. Todos los miércoles predicaba el Evangelio de Jesús a los alumnos de la escuela, animándoles, en términos sencillos, al amor y a la caridad.
En sus acaloradas polémicas, de las que siempre salía victorioso, nunca hubo un atisbo de vanidad en su corazón, nunca albergó rastro alguno de pena, nunca descendió al ingrato terreno de la represalia personal, tratando a todos sus contendientes con la mayor elegancia posible y no menos amor cristiano.
Eurípides Barsanulfo estaba dotado de varias facultades mediúmnicas desarrolladas, siendo médium sanador, prescriptor, oyente, clarividente, intuitivo, hablador y psicografista. Le era muy fácil trasladarse de un lugar a otro, y daba la topografía exacta de los lugares por donde pasaba su Espíritu.
Era un refugio para todos los afligidos y abandonados. Cientos de personas desilusionadas por la ciencia terrenal encontraron consuelo en Sacramento. Con la ayuda de Espíritus Superiores, entre ellos Bezerra de Menezes, nuestro Barsanulfo curaba casi todas las enfermedades.
Hombre que no temía divulgar las verdades que profesaba, era la encarnación del verdadero espiritista. Fiel discípulo de Jesús, era el consuelo y el apoyo de todos los que acudían a él, y a todos daba la misma acogida, el mismo amor. No parece que tuviera enemigos personales.
Por todo ello, gozó de gran popularidad en su ciudad natal e incluso en todo el estado de Minas Gerais. Aún hoy, Barsanulfo sigue siendo recordado y bendecido en esa región, donde dejó huellas imborrables de su brillante carrera. El 1 de noviembre de 1918 falleció en su ciudad natal, víctima de la pandemia de gripe.