El Espírita y la Humanidad

No se debe olvidar que uno de los primeros mandamientos de la Ley es: Amarás al prójimo como a ti mismo. Si bien que es muy difícil practicar este mandamiento al pie de la letra, no es menos verdad que los espíritas están obligados a practicar la caridad con sus hermanos de creencia. Ahora, si entre nosotros debemos ser indulgentes, benévolos, y ,debemos de ayudar, cerrar los ojos y hasta perdonar, no hemos de hacer menos por la Humanidad. Los no espíritas se empeñan a veces en cuestiones, altercados, disputas, riñas y no raramente se maltratan.
Debemos huir enteramente de todo eso. Si con buenas maneras podemos colocar las cosas en su lugar, es así que debemos hacerlo. Mas si por tanto debemos apartarnos de las reglas prescritas, es preferible callar, buscando la mejor manera de salirnos de la dificultad. Y si, a pesar de ello, de nuestra prudencia y de nuestro amor, no pudiéramos librarnos, debemos sufrir con paciencia las iras de la ignorancia y de la mala fe. Debemos perdonar sin reservas, desde el fondo de nuestra alma, y pagar el mal con el bien, siempre que sea posible.
Por eso no podemos olvidar la figura del Maestro y Señor. Él es el modelo, la verdad y la vida. ¿Qué dijo Él, cuando lo insultaban, apostrofaban, maltrataban y escupían? Nada. Bajaba los ojos y perdonaba en su corazón. ¿Pues si Él, que era tan elevado y tanto podía, hizo exactamente como enseñó, haremos nosotros lo contrario? ¡Desgraciado del espírita que tiene la oportunidad de devolver el bien como pago del mal y no lo hace! Desgraciado del espírita que puede perdonar y no perdona! Pues día vendrá en que exclamará, ¿De que me sirvió saber lo que sabía, y de haberme llamado espírita? ¡ Más me valiera nada saber, para no cargar con tamaña responsabilidad!(…) La Humanidad gime, llora, se desespera, por lo mucho que sufre; el egoísmo todo lo consume, las víctimas de la maldad se suceden sin parar, las religiones se desviaron del camino, los hombres de bien, intermediarios entre la Humanidad y la Providencia son escasos; los espíritas están encargados de traer la luz ya que saben por qué la Humanidad sufre, porque llora, por qué se desespera; sacrifiquémonos, pues, para poder explicarle la causa de sus sufrimientos, de sus lágrimas, de su desesperación; procedamos de manera para demostrar que el dolor depura, eleva, santifica, exalta, y así cumpliremos nuestra misión.
El espírita que mucho quiere hacer por sus semejantes no debe perder de vista al Señor cuando lo azotaban atado al pilar, cuando lo coronaban de espinas, cuando cargaba la cruz, cuando consumaba su sacrificio, para saber imitarle por sus actos de amor por la Humanidad, de su abnegación y sacrificio. Vosotros sois la sal de la tierra; si la sal pierde su sabor, ¿con qué se ha de salar?