Casamiento

¿El casamiento está planeado en el Más Allá?
Generalmente la unión matrimonial implica una armonización que envuelve tan sólo a la pareja, pero también los Espíritus que reencarnarán como hijos. Obviamente, es preciso planear.
¿Lo hacen los propios interesados?
Sería lo ideal, ya que tendemos a encarar con mayor seriedad los compromisos que asumimos por iniciativa propia. No siempre, sin embargo, los reencarnantes tienen la suficiente madurez y discernimiento para ello. La planificación, es por cuenta de mentores espirituales.
Un eventual segundo matrimonio o subsecuentes, ¿también obedecen a una planificación?
Cuando los compañeros de la vida conyugal se separan de forma irreversible, en virtud de conflictos insuperables, es justo que procuren recomponer su vida afectiva, buscando una nueva experiencia. Si hay seriedad en la intención y no mero ejercicio de la promiscuidad sexual, tan frecuente en los días actuales, los mentores espirituales pueden ayudarlos en ese propósito, orientando una nueva unión.
¿Si ocurre una secuencia de desaciertos, habrá siempre nuevos planes?
Los mentores procuran ayudarnos, mostrando caminos, pero jamás son conniventes con nuestros desatinos. La sucesión de unions indica incapacidad de asumir compromisos y de convivir. Es natural, en estos casos, que se aparten, retirando los escudos de su protección para que los tutelados aprendan con sus propios errores.
¿Lo ideal, por lo tanto, sería “soportar” al cónyuge para merecer el apoyo de la espiritualidad?
Ese es, tal vez, la mayor equivocación. Las personas “soportan” al cónyuge por amor a los hijos o respeto a la religión, olvidándose de que están juntos para armonizarse, aprendiendo a convivir fraternalmente. Eso implica en cambiar de pronombre, en el verbo de la acción conyugal: de la primera persona del singular, yo puedo, yo quiero, yo hago, para la primera del plural: nosotros podemos, nosotros queremos, nosotros hacemos. Cultivar el individualismo en el matrimonio es condenarlo al fracaso.
¿Eso sería suficiente para ser felices en el matrimonio?
Hay algo más. Las personas están esperando que el matrimonio sea acertado para ser felices, sin comprender que es preciso que sean felices para que el matrimonio sea un éxito. Un corazón amargado, un carácter impertinente, una vocación para la agresividad, todo eso empequeñece la existencia y nos hace incapaces de convivir, particularmente en el hogar.
¿Y cómo ser feliz para que el matrimonio sea acertado?
Es preciso tener siempre presente que la felicidad no está subordinada a la satisfacción de nuestros deseos ante la Vida, sino al empeño por entender lo que ella espera de nosotros. No es necesario mucho para ello. Basta observar la lección fundamental de Jesús: hacer al semejante el bien que deseamos que él nos haga. Funciona admirablemente cuando se trata de armonizar a las personas, particularmente en el hogar.
Sabemos que en la espiritualidad tendemos a convivir con los Espíritus que marcaron nuestra vida afectiva, el cónyuge, padres e hijos. Siendo así, ¿con quién quedar á el hombre que se casó cuatro o cinco veces?
Con nadie. Probablemente hará una parada depuradora en el umbral, región de sufrimientos en el mundo espiritual, un purgatorio donde tendrá la oportunidad de meditar sobre su frivolidad.