Alma sencilla

Gracias te doy mi Señor porque tu amor me ha inundado y mi alma se ha inflamado de luz y de salvación. Las pruebas que en esta vida al dolor nos encadenan, harán del alma en sus penas suspirar por la partida, que en ti se muestra rendida, liberada en su condena, que siglo a siglo sintiera cual maltrecha sinfonía, perdiendo el rumbo en sus días que en negro velo cubriera, haciendo que esta muriera, en torpe y lenta agonía.
Suplicio cruel que el destino en la noche atormentada, ni descansar la dejara, siendo presa en desatino, de un loco amor repentino que al mundo la esclavizara. Más de repente, el momento propicio se presentó, y a su espíritu impulsó cobrando fuerza en su aliento y, en profundo arrepentimiento se elevó en oración:
¡Perdóname tú, Señor!, haz qué por siempre rendida, esta alma sea prendida de tu cariño y amor. Dame una nueva ocasión de cicatrizar mi herida, superándome en la vida, soportando en el dolor, hasta que vuelva mi Dios, siendo ya el alma sencilla, creada en la maravilla de tu portento de amor.
Teresa de Jesús
Psicografiado por Antonio Hernández Lozano