Agostinho Pereira de Souza

Nacido en la ciudad de Oporto, Portugal, el 28 de noviembre de 1889, y fallecido en Río de Janeiro el 12 de octubre de 1955. Fue un hombre favorecido por la fortuna material, bien posicionado en la vida como justo premio a su espíritu de trabajo; sin embargo, supo emplear bien su riqueza, sin esclavizarse jamás a ella, destinándola al beneficio de sus colaboradores directos y a obras de beneficencia. En el ámbito de sus actividades comerciales, era muy estimado tanto por su clientela como por sus empleados, quienes llegaron a interesarse en la empresa, recibiendo cada uno participación en las ganancias de acuerdo con el interés y la capacidad que demostraban. Sus padres fueron Manoel Sebastião Pereira de Souza Júnior y María Luíza Ramos de Souza. Llegó a Brasil con 12 años de edad, en 1901, desembarcando en Río de Janeiro decidido a triunfar en la vida, como efectivamente lo logró, sobre todo por su espíritu de honestidad, enfrentando arduas luchas sin desanimarse jamás.
Su primer empleo fue en la sastrería “O Fonseca”, en la calle Rua do Ouvidor. Luego pasó por varias otras empresas, como “América-Japão”, “Barbosa Freitas”, “Camisaria Universo”, “Fábrica Confiança”, “O Cysne” y finalmente “Camisaria Brandão”, de donde salió para fundar su propia empresa, “O Camiseiro”, el 1 de mayo de 1919. Progresó considerablemente, llegando a ser una de las mayores firmas en el mercado de confección de camisas en Río de Janeiro. Se casó con Deolinda Veloso de Souza Agostinho, con quien tuvo seis hijos. Doña Deolinda era médium de notables virtudes, trabajando intensamente en beneficio de la Doctrina Espírita. Tras un corto período de enfermedad insidiosa, falleció el 12 de octubre de 1954, dejándolo viudo. Fue un duro golpe para Agostinho, que soportó con la paciencia nacida de la Doctrina Espírita, basada en el conocimiento de la inmortalidad del alma. En el primer aniversario de la muerte de su amada esposa, exactamente el 12 de octubre de 1955, Agostinho, tras una rápida enfermedad, tuvo la dicha de desprenderse del cuerpo físico con gran serenidad, partiendo en busca de su dulce compañera de vida terrenal, en una prueba evidente de que eran almas verdaderamente hermanas.
La desaparición de Agostinho del escenario espiritista de Río de Janeiro causó gran nostalgia y profunda tristeza entre sus compañeros de trabajo, siendo una pérdida irreparable por el gran amor que demostraba hacia la causa. Espíritu humanitario, dedicado al bien, colaboraba en casi todas las obras de asistencia a la infancia y a la vejez desamparadas, ayudando indistintamente a cuantos lo necesitaban, dentro de sus posibilidades y evaluando siempre la necesidad de cada uno para brindar el auxilio adecuado. Agostinho Pereira de Souza tenía una fe inquebrantable en Jesús. Pasó por serias dificultades en la vida, pero nunca se dejó abatir, ni siquiera ante los problemas más difíciles; su fe superaba todas las vicisitudes, convencido de que Dios, el magnánimo Padre y Creador de todas las cosas, suple siempre nuestras carencias, siempre que entremos en sintonía con Él a través de la fe recomendada por Jesús. Su creencia en la inmortalidad del alma se fundamentaba en la Doctrina Espírita, según la codificación dada a Allan Kardec por el Espíritu de Verdad. Jamás se apartó de los postulados de esta doctrina.
Formó parte del Consejo Superior de la Federación Espírita Brasileña, fue miembro de la directiva del Grupo Espírita “Anthony Léon” de Tijuca y participó en la Fundación Marieta Gaio, junto a su fundador Manoel Jorge Gaio. Por sugerencia de Leopoldo Machado, tras el éxito de una gran iniciativa en su establecimiento comercial, buscó la dirección de la Asociación Espírita “Obreiros do Bem”, que en ese momento pretendía construir un hospital para enfermos mentales. Se interesó por la obra, donó el terreno en la Rua Santa Alexandrina, en Rio Comprido, y bajo su presidencia, esfuerzo y tenacidad, junto a un grupo de dinámicos colaboradores, inició la construcción del Hospital Espírita “Pedro de Alcântara”, una obra de gran envergadura. En su afán de servir, Agostinho organizó también, junto al hospital, la Casa de Salud y Maternidad “Santo Agostinho”, en homenaje al gran Agustín del cristianismo, de cuya personalidad heredó el nombre. Lamentablemente, este majestuoso hospital ya no ostenta hoy el nombre espiritista en su fachada; su dirección no es espiritista, aunque sigue siendo propiedad de la Asociación Espírita “Obreiros do Bem”. Los directivos y colaboradores de la institución no pueden aplicar la terapéutica espiritista a los enfermos mentales allí internados, conforme al ideal de su fundador y de todo su equipo.
Hablar de la obra de Agostinho Pereira de Souza sería interminable, pues no hubo una sola realización en el ámbito espiritista en Río de Janeiro en la que su nombre no figurara en primera línea. Junto con Leopoldo Machado, fundó el programa radiofónico “Hora Espírita” en la antigua Rádio Transmissora. Fue uno de los pilares en la realización del I Congreso de Juventudes Espíritas de Brasil, junto a Leopoldo Machado, Lins de Vasconcellos, Carlos Imbassahy y muchos otros. Orador elocuente, participó en diversas Semanas Espíritas y en la constante labor de difusión por todo el antiguo Distrito Federal. Escribió varios opúsculos basados en sus conocimientos doctrinarios y ayudó mucho a Leopoldo Machado en la publicación de sus libros. De corazón bondadoso, carácter tranquilo y equilibrado, y temperamento cristiano, Agostinho Pereira de Souza fue reconocidamente humilde en todas sus realizaciones. Sus actos, su conducta, su dedicación a la causa espiritista y su amor al Divino Amigo Jesús lo llevaron a sublimes ejemplos, predicando el Evangelio no solo con palabras, sino sobre todo con el ejemplo.