A dónde vamos cuando desencarnamos

En primer lugar, debemos darnos cuenta de que no somos un cuerpo biológico animado, sino almas encarnadas en un cuerpo físico para llevar a cabo nuestro desarrollo moral espiritual en este planeta reencarnante. A partir de esta aceptación, podemos aceptar o comprender que cuando desencarnamos, el alma vuelve a su estado libre, llevando consigo su progreso moral, y dependiendo de este desarrollo moral, podemos entonces reencarnar en otro mundo más avanzado que el actual, o podemos seguir reencarnando en este planeta escuela hasta evolucionar.
Esto plantea la pregunta: ¿Vivimos juntos en este mismo mundo los encarnados y los desencarnados? La respuesta es: Sí, vivimos juntos en este mundo, aunque no podamos vernos ni comunicarnos entre nosotros debido a los estados vibratorios de nuestras energías, excepto en el caso de las personas con capacidades mediúmnicas.
Esto demuestra que la población mundial está muy dominada por espíritus desencarnados que ejercen fuertes influencias sobre el comportamiento de la humanidad según el principio de posesión. Por esta razón, cada persona empieza a aceptar esta verdad y a trabajar para ascender a categorías superiores de espiritualidad, como el amor, el perdón incondicional, la gratitud y finalmente el respeto a la dignidad humana, reconociendo siempre que somos seres de luz, que vinimos a esta tierra de la luz y que es nuestro destino volver a ella, que es un mundo mejor en el que podemos vivir sin herir a los demás y sin herirnos a nosotros mismos con la acumulación de tanto karma y sus efectos en los retornos a este planeta reencarnante.