Corina Novelino

Nacida en la ciudad de Delfinópolis, estado de Minas Gerais, el 12 de agosto de 1912, y fallecida en Sacramento, en ese mismo estado, el 10 de febrero de 1980. Hija del matrimonio formado por José Gonçalves Novelino y Josefina de Melo Novelino, nació en la pequeña ciudad de Delfinópolis, donde pasó muy poco tiempo de su infancia, ya que siendo aún muy joven quedó huérfana de padre y madre, pasando a residir con un matrimonio que le dispensó todo su amor y cariño. La labor desarrollada por Corina Novelino en la ciudad de Sacramento fue de lo más relevante, lo que la convirtió en una de las figuras más estimadas de la ciudad. Desde muy joven se reveló como un espíritu caritativo, con profundos rasgos de desprendimiento, dispuesta a darlo todo por sus semejantes.
Con solo veinte años, fue invitada por una valiente cosechadora llamada Maria Modesto Cravo a ayudarla a administrar un hogar infantil en la ciudad minera de Uberaba. Indecisa sobre la invitación, buscó la orientación del médium Francisco Cândido Xavier, entonces residente en Pedro Leopoldo. Debido al elevado número de personas que acudían al médium, no consiguió entrevistarse con él. Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando él la llamó y le entregó un hermoso mensaje firmado por el espíritu de Eurípedes Barsanulfo, en el que, entre otras cosas, decía: «Corina, tú eres mi última esperanza en Sacramento».
Ante la urgencia del mensaje, declinó la invitación de Mana Modesta y decidió quedarse en Sacramento, donde fundó el Clube das Maezinhas, compuesto por madres caritativas que se ofrecían a confeccionar ropita para niños necesitados, que se distribuía semanalmente. A principios de 1950, decidió fundar un hogar para niños abandonados. Sin embargo, además de carecer de los medios necesarios, no sabía dónde ni cómo implantar esta institución. La mayor rifa celebrada en Sacramento le proporcionó los medios necesarios para adquirir una casa e inaugurar allí el «Hogar de Eurípedes».
Invertía su sueldo en el mantenimiento del Hogar. Sin embargo, el número de niños aumentaba y los recursos se volvían cada vez más escasos. La casa también se había quedado pequeña. Animada por una decisión inquebrantable y contando con la ayuda del Alto, decidió construir un nuevo «Hogar de Eurípedes». La gente de Sacramento y de las regiones vecinas cooperó en la empresa y, en poco tiempo, surgió el nuevo edificio, donde se acogió a más de 100 niños y donde la abnegada cosechadora pasó a ser la «madre Corina». Debido a la insuficiencia de recursos para su mantenimiento, ya que el establecimiento se mantenía casi por completo con el salón de Corina Novelino, se hicieron llamamientos y el Hogar fue reconocido como organismo de utilidad pública, pasando entonces de internado a semiinternado. Allí los niños pasan el día, recibiendo alimentación, ropa y educación intelectual y religiosa.
Escritora de grandes recursos, Corina escribió los libros «Escucha, hijo mío», cuyos ingresos se destinaron íntegramente al mantenimiento del Hogar. Más recientemente, en 1979, escribió la obra «Eurípedes, el hombre y la misión», dando inicio a los actos conmemorativos del centenario del nacimiento de esa gran figura del espiritismo. Criatura incansable, siempre dispuesta a cooperar, participó de manera destacada en la vida socioeconómica, religiosa y cultural de Sacramento. Colaboró en todos los periódicos de la ciudad, desde el «Tribuna», editado por Homilton Wilson, hasta los periódicos actuales: «Estado do Triângulo» y «Jornal de Sacramento».
Colaboró en otros órganos de difusión del espiritismo, en particular en el «Anuário Espírita», editado en Araras, y en una revista editada en Portugal. Fue, en realidad, una vida bien vivida, llena de generosidad, amor y dedicación a sus semejantes. Su fallecimiento supuso una pérdida irreparable para la comunidad de Sacramento, dejando un gran vacío en la ciudad, tan grande como la tristeza de quienes perdieron el calor, la ternura y la dedicación de una amiga.
Las siguientes fueron las palabras del presidente de la Cámara Municipal de Sacramento, con motivo del entierro de su cuerpo físico: «Que la bandera de Sacramento cubra su ataúd en una demostración del mayor homenaje que el Poder Público rinde a sus grandes hijos. Aquí está la gratitud de todo un pueblo que reconoció en su humilde y silenciosa labor a la «Madre Corina» de todos. Con la ayuda de sus manos, no fueron pocas las veces que fuimos testigos de su amor, en el olvido de sí misma, asumiendo la responsabilidad de esta enorme tarea de promover al prójimo. Fue la Madre Corina de los pobres, de los que sufren, de los huérfanos, de los locos, de los necesitados, de los abandonados, de los miserables… Madre Corina de todos nosotros, nuestro eterno e inmortal Muchas gracias».