{"id":9186,"date":"2026-07-13T10:35:22","date_gmt":"2026-07-13T10:35:22","guid":{"rendered":"https:\/\/nuevo-renacer.com\/?page_id=9186"},"modified":"2026-07-13T10:35:27","modified_gmt":"2026-07-13T10:35:27","slug":"el-cerebro-y-la-mente","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/nuevo-renacer.com\/it\/el-cerebro-y-la-mente\/","title":{"rendered":"El cerebro y la mente"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-498ebf80 alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\">\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-medium-font-size wp-elements-660f2393b9ec68d8815c462c60c4b99d wp-block-paragraph\"><strong>El cerebro y la mente<\/strong><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-2ee2efd5 alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\">\n<figure class=\"wp-block-image size-large is-resized\"><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" width=\"1024\" height=\"683\" src=\"https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-1024x683.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-9187\" style=\"aspect-ratio:1.500019862551146;width:413px;height:auto\" srcset=\"https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-1024x683.png 1024w, https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-300x200.png 300w, https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-768x512.png 768w, https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-18x12.png 18w, https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE-600x400.png 600w, https:\/\/nuevo-renacer.com\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/EL-CEREBRO-Y-LA-MENTE.png 1536w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-4f72e02b alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\">\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-84ecb5812eeb12d41a671b73caa0f245 wp-block-paragraph\">La \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX fue denominada por los neurocient\u00edficos como \u201cla d\u00e9cada del cerebro\u201d. Los profesionales dedicados al estudio de las neurociencias se unieron con un objetivo com\u00fan: comprender mejor c\u00f3mo funciona nuestro cerebro. Como consecuencia de estos trabajos, resurgieron los debates en torno a nuestra conciencia o mente. A partir de la d\u00e9cada de 1990, pudimos presenciar un gran n\u00famero de experimentos neurol\u00f3gicos y cognitivos, acompa\u00f1ados de magn\u00edficas im\u00e1genes del cerebro en funcionamiento, obtenidas mediante t\u00e9cnicas de resonancia magn\u00e9tica funcional y tomograf\u00eda por emisi\u00f3n de positrones (PET), que culminaron en un resurgimiento, aunque involuntario, de las ideas materialistas acerca de la mente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-e69e69253974f8ea414f2f0448abc4b5 wp-block-paragraph\">Hasta comienzos del siglo XVIII, la mente era identificada naturalmente con el alma humana, y el cerebro era considerado el veh\u00edculo de su manifestaci\u00f3n. Respaldados por los nuevos descubrimientos de las ciencias b\u00e1sicas, ya en el siglo XIX hombres de gran prestigio m\u00e9dico comenzaron a dedicarse m\u00e1s profundamente al estudio del cerebro y de las enfermedades que lo afectan. Entraron en escena grandes neur\u00f3logos de la historia: Parkinson, Charcot, Broca, Huntington, Sherrington y Freud, entre otros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-c2f5cb8ab87880b8856496edad95936d wp-block-paragraph\">En 1884, William James y, en 1885, Carl Lange propusieron independientemente una teor\u00eda que relacionaba los acontecimientos fisiol\u00f3gicos con los estados mentales. Seg\u00fan esta teor\u00eda, conocida como teor\u00eda de James-Lange, la conciencia era un efecto de las respuestas fisiol\u00f3gicas (\u201ctenemos miedo porque corremos; no corremos porque tenemos miedo\u201d). En 1960, Stanley Schachter ampli\u00f3 esta teor\u00eda proponiendo que la corteza cerebral elabora la conciencia a partir de la informaci\u00f3n recibida de la periferia del cuerpo y, a finales del siglo XX, Ant\u00f3nio Dam\u00e1sio, con su teor\u00eda del marcador som\u00e1tico, estableci\u00f3 que la conciencia es, esencialmente, una historia que el cerebro inventa para explicar las reacciones corporales.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-78bf4148da55dc836f4d99582e0c593d wp-block-paragraph\">Por otra parte, Sherrington (1906), Cannon (1927) y Bard (1928) se opusieron a la teor\u00eda de James-Lange y propusieron una teor\u00eda seg\u00fan la cual la conciencia surg\u00eda simult\u00e1neamente con el comportamiento. M\u00e1s tarde, Papez (1937), Lindsley (1951) y MacLean (1952) a\u00f1adieron algunos elementos a la teor\u00eda de Cannon-Bard, sin alterar, no obstante, su esencia. Solo en 1993 se public\u00f3 el \u00faltimo libro de Sir John Eccles, ganador del Premio Nobel de Medicina de 1963, \u201ccon el objetivo de refutar y negar el materialismo para reafirmar el dominio del ser espiritual sobre el cerebro\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-a35849e64d68cfadf4ecbab3bca0622b wp-block-paragraph\">Es innegable que una mejor comprensi\u00f3n de la estructura celular y bioqu\u00edmica del cerebro contribuye a un mejor entendimiento de c\u00f3mo se desarrollan las enfermedades neurol\u00f3gicas (el t\u00e9rmino t\u00e9cnico que describe este conocimiento es fisiopatolog\u00eda). Por otra parte, estos conocimientos permiten desarrollar nuevos tratamientos para dichas enfermedades. Sin embargo, pretender transformar la mente en un simple efecto de la actividad cerebral crea problemas mucho mayores de lo que puede imaginarse. \u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-01a8ffba165f35af532555a4206e287c wp-block-paragraph\">Porque nuestros cerebros son, esencialmente, est\u00e1ticos en su estructura y en su funci\u00f3n. Su constituci\u00f3n celular es uniforme, formada por neuronas (o fibras nerviosas) y por otras c\u00e9lulas llamadas gliales, organizadas en disposiciones anat\u00f3micas estables y bien conocidas en la actualidad. Desde una perspectiva bioqu\u00edmica, los neurotransmisores, sustancias encargadas de transmitir los impulsos nerviosos, son siempre las mismas mol\u00e9culas: la dopamina y la serotonina, de acci\u00f3n excitadora, y el GABA y la acetilcolina, de acci\u00f3n inhibidora. De manera an\u00e1loga, una v\u00eda neural, como por ejemplo la de la visi\u00f3n, es est\u00e1tica en su estructura y funci\u00f3n. La transcodificaci\u00f3n del est\u00edmulo visual en un impulso nervioso y su transmisi\u00f3n a lo largo del nervio \u00f3ptico hasta el \u00e1rea visual de la corteza occipital est\u00e1 claramente definida y establecida, tanto desde el punto de vista anat\u00f3mico como bioqu\u00edmico.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-cc5615cbb76a5512f6dd99c5c385fed3 wp-block-paragraph\">Sin embargo, la interpretaci\u00f3n simb\u00f3lica de lo que se ve es particular y \u00fanica para cada individuo. As\u00ed, para una persona el color rojo puede simbolizar sangre y sufrimiento, evocando recuerdos desagradables y reacciones f\u00edsicas de malestar. Para otra persona, el mismo color rojo puede simbolizar amor y consuelo, despertando buenos recuerdos que, a su vez, desencadenar\u00e1n un estado de bienestar. \u00bfC\u00f3mo justificar, entonces, que una estructura f\u00edsica organizada de manera est\u00e1tica y con una fisiolog\u00eda bien definida pueda presentar una gama de efectos tan diferentes entre s\u00ed como lo son las personalidades de los individuos? Lo m\u00e1s curioso de este intento de \u201ccosificar\u201d la mente es que los propios diccionarios la definen como \u201cun sistema organizado del ser humano referente al conjunto de sus procesos cognitivos y actividades psicol\u00f3gicas; la parte incorp\u00f3rea, inteligente o sensible del ser humano; esp\u00edritu, pensamiento\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-82dc22cc46cf4476d6129a3f9077dfc3 wp-block-paragraph\">Este intento de materializar la mente resulta a\u00fan m\u00e1s anacr\u00f3nico cuando evocamos el significado etimol\u00f3gico de las palabras mente y psiquismo. Mente deriva del lat\u00edn mens, mentis, que significa \u201cfacultad intelectual\u201d, \u201cinteligencia\u201d, \u201cesp\u00edritu\u201d o \u201calma\u201d; y psiquismo deriva del griego psych\u00e9, con los mismos significados. Si un simple est\u00edmulo visual puede generar tanta divergencia, \u00bfqu\u00e9 pensar de elaboraciones mentales mucho m\u00e1s complejas como las que se activan cuando disfrutamos de una buena m\u00fasica, cuando jugamos con un ni\u00f1o o cuando sentimos nostalgia de una persona amada que est\u00e1 lejos de nosotros?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-fc0b9f4cca971026c8636b8c05aeaede wp-block-paragraph\">Allan Kardec escribi\u00f3 en El Libro de los Esp\u00edritus (p\u00e1g. 176): \u201cSi las facultades tuvieran su origen en los \u00f3rganos, el hombre ser\u00eda una m\u00e1quina, sin libre albedr\u00edo y sin responsabilidad por sus actos. Tendr\u00edamos que admitir que los mayores genios, sabios, poetas y artistas no son genios sino porque el azar les dio \u00f3rganos especiales. De donde se sigue que, sin esos \u00f3rganos, no ser\u00edan genios y que el \u00faltimo de los imb\u00e9ciles podr\u00eda haber sido un Newton, un Virgilio o un Rafael si hubiera sido provisto de ciertos \u00f3rganos\u201d. En la respuesta a la pregunta 370 del mismo libro se nos informa que \u201cno son los \u00f3rganos los que dan las facultades, sino las facultades las que impulsan el desarrollo de los \u00f3rganos\u201d. Es decir, no fueron los autom\u00f3viles los que hicieron de Michael Schumacher un campe\u00f3n; fue el piloto, gracias a su habilidad, quien llev\u00f3 los coches a cruzar la meta en primer lugar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-0b7c05c8361f4f7b729b50e2d2a717fa wp-block-paragraph\">El Espiritismo, conforme a la definici\u00f3n de su propio codificador, es una ciencia, es decir, un \u201cconjunto sistematizado de conocimientos que, adquiridos mediante la observaci\u00f3n, la identificaci\u00f3n, la investigaci\u00f3n y la explicaci\u00f3n de determinadas categor\u00edas de fen\u00f3menos y hechos, son formulados met\u00f3dica y racionalmente\u201d; por lo tanto, posee autoridad para pronunciarse sobre los asuntos que le conciernen: el alma, el esp\u00edritu, la mente o el psiquismo. Las llamadas ciencias positivas tienen dificultades para aceptar los conocimientos que confieren a la Doctrina Esp\u00edrita el car\u00e1cter de una ciencia; sin embargo, al no hacerlo, pierden el derecho de cuestionarla. Actuando por prejuicio de sistema, clasifican como mistificaci\u00f3n, superstici\u00f3n o incluso charlataner\u00eda aquello que no conocen ni comprenden, ocasionando con ello un total desprecio por los aspectos filos\u00f3ficos y religiosos que le son caracter\u00edsticos. Por eso Allan Kardec afirm\u00f3 en El Libro de los Esp\u00edritus (p\u00e1g. 32): \u201cLa Ciencia propiamente dicha, como Ciencia, es incompetente para pronunciarse sobre la cuesti\u00f3n del Espiritismo&#8230;\u201d. La ciencia, divorciada de la religi\u00f3n (del lat\u00edn religio\/onis, que significa cualquier afiliaci\u00f3n a un sistema espec\u00edfico de pensamiento o creencia que implica una posici\u00f3n filos\u00f3fica, \u00e9tica, metaf\u00edsica, etc.; conciencia escrupulosa), es como un cami\u00f3n que desciende una pendiente sin frenos: est\u00e1 fuera de control. A su vez, la religi\u00f3n, sin la ciencia, se pierde en los laberintos del fanatismo religioso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-fa62a74001adb32656cc8f9440d30175 wp-block-paragraph\">Para nosotros, los esp\u00edritas, existe la obligaci\u00f3n de estudiar la ciencia; sin embargo, es fundamental preservar la esencia de la Doctrina Esp\u00edrita para no cometer el error de materializar el Esp\u00edritu. Antes bien, es necesario concentrar nuestros esfuerzos en la intenci\u00f3n de espiritualizar la ciencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-black-color has-text-color has-link-color has-small-font-size wp-elements-843f432fb047990c3f2ec3ea061e5fad wp-block-paragraph\"><em>David V. Monducci<\/em><\/p>\n<\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-b7d1546d alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\"><\/div><\/div>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-uagb-container uagb-block-c94ec2be alignfull uagb-is-root-container\"><div class=\"uagb-container-inner-blocks-wrap\"><\/div><\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El cerebro y la mente La \u00faltima d\u00e9cada del siglo XX fue denominada por los neurocient\u00edficos como \u201cla d\u00e9cada del cerebro\u201d. Los profesionales dedicados al estudio de las neurociencias se unieron con un objetivo com\u00fan: comprender mejor c\u00f3mo funciona nuestro cerebro. 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