Breve ensayo sobre los estados del alma

La vida es justa, fiable y auténtica y no deberíamos quejarnos de la forma en que vivimos, es decir, de lo que nos pasa, porque fue lo que originalmente creamos para ahora – nadie más es responsable de nuestra vida, nunca lo ha sido y nunca lo será. Realmente creamos todo en nuestras vidas a través de nuestros pensamientos, sentimientos, actitudes, palabras, todas las afinidades que mantenemos persistentemente; incluso hay más personas infelices que felices. Sin embargo, podemos cambiar el contexto ahora mismo, lo único que hace falta es nuestra voluntad para avanzar, porque ya hemos pasado mucho tiempo en estados pueriles del alma.
Si observamos, incluso en varios momentos del día hay una percepción de un estado diferente, o nos volvemos más felices, más irritables, más esperanzados, o nos sentimos liquidados durante unos segundos y luego se acerca otro estado. Si hay tantas percepciones en un solo día, imagínense las vivencias de innumerables experiencias. Sin embargo, en medio de tantas ocurrencias y del tiempo transcurrido, lo que se debe tener en cuenta es cuál es la sensación que deseamos sentir, ya que cada sentimiento que se alimenta creará el mismo reflejo que se siente; también sin olvidar nunca que hay un mar de espíritus observándonos y esto es decisivo en el transcurso de nuestros días, recordando que los atraemos de acuerdo con nuestra vibración.
Cuanto más nos analizamos, más nos damos cuenta de los múltiples estados del alma que podemos sentir; nos queda la mejor elección. Y lo más notable es que tenemos el impulso de querer delegar nuestra responsabilidad, pero no es posible y, además, en nuestra creación se nos ha dado la distinción entre lo que es beneficioso y lo que no lo es. En cuanto decidimos algo, se desencadena el estado correspondiente y su reacción crea vida y no se puede negar. Esto es obligatorio para todos.
Cuando hablamos de estados del alma, tenemos que reflexionar sobre estos estados en función de nuestras existencias, de nuestra vida cotidiana en una experiencia viva y durante el mundo errático. Estemos donde estemos, nuestro espíritu está despierto de forma natural en todo momento, pensando, creando y sintiendo.
Y como el libre albedrío es inherente a todos, es nuestra decisión de crecer o estancarnos la que preparará los estados más afortunados de nuestros días, o no. Y esto es tan esencial que basta un pensamiento desafortunado para desencadenar momentos de angustia e inquietud que pueden consumir grandes cantidades de energía, recordando que ciertos gastos no siempre pueden reponerse por completo. Por otro lado, hay momentos tan preciosos que creamos mediante la conexión de buenos sentimientos, pensamientos y actitudes que pueden salvarnos la vida.
En otras palabras, nuestra elección acercará o alejará el cielo de nosotros.